lunes, 13 de agosto de 2018

Batallas hermanas cuarta parte



Marión reunió a los suyos para una breve charla. Los gestos eran adustos. Todos habían tenido roces con las tortugas y sabía que en cualquier momento estallaría el conflicto. Pero todos apoyarían a su líder si decidía avanzar por su cuenta. Habían ganado más gloria en una noche que en semanas de marcha. Ya estaban acostumbrados a moverse rápido y sorprender a sus enemigos en sus propias camas.

─mis hermanos, ya saben lo que nos toca, no he logrado un acuerdo con nuestros compañeros de Paño Morado. Ellos quieren esperar refuerzos...y ustedes ya saben lo que pienso de regalar tiempo, nuestras páginas se han escrito en la soledad del frente, hombro con hombro ganando terreno cuando los otros ejércitos descansan...─arengó mientras sus hombres lo vivaban. ─¡hemos hecho huir a los fantasmas! ¡Ahora toca batir a los sureños y terminar de abrir la puerta a la victoria! ¡que no nos sorprenda el alba sin tener las botas manchadas de la sangre enemiga!

Los vítores llegaron a oidos de Barcas que se hallaba en su tienda recién montada. Su segundo miraba por la abertura con atención.

─¿Piensa que tendrán éxito capitán?

─No van tras una posición fija. Están acostumbrados a tomar castillos cuidados por un puñado de guardias somnolientos. Pero los que sean que estén abajo les han salido al encuentro, así sean un par de escuadrones de soldados con alguna leva improvisada, siguen estando en posición y esperándolos. ─dijo Barcas acercándose a la entrada ─Tú ya sabes como es avanzar bajo una lluvia de flechas hostigándote, cuando te atacan desde posiciones altas mientras estás hundido en el fango...en esas situaciones una tortuga tiene más posibilidades que un zorro, sobre todo cuando el dueño de las gallinas te está esperando...─completó mientras sonreía con sus dientes manchados.

El segundo al mando entendió la visión de Barcas. Estaban acostumbrados a caminar sobre seguro para nunca tener que retroceder. Sin embargo si la fortuna le sonreía una vez más a los Zorros Negros sería un duro golpe para los suyos. Era impropio desear la muerte a tus propios compañeros de armas pero con los zorros nunca habría camaradería. Eran demasiado altivos y nunca se mezclaban con ellos. Eran una tropa de bajo rango acostumbrada a caminar sobre el fango. Pronto se sabría la verdad. La gloria para unos sería la verguenza para otros, pero para los zorros la verguenza vendría después de la muerte.

La noche sin luna dio marco a la marcha forzada de Marión, que se dio en relativo silencio. La mayoría de los suyos usaba pecheras de cuero endurecido y las corazas que portaban algunos era más delgada y rematada con cuero. Suficientemente liviana como para no perder velocidad de maniobra. Marión les mandó ponerse las capuchas de sus capas para que los yelmos con orejas puntiagudas típicos de ellos no brillaran.
Descendieron por el bosque evitando el camino y avanzaron en pequeños grupos siempre manteniendo contacto visual. Cuando ya estaban a cerca de donde se veía la claridad de las antorchas Marión mandó a la columna detenerse. Llamó a su guardia personal. Si debía tomar riesgos sería él quien los afrontara. Iría un poco más adelante a reconocer al enemigo reunido. Los que estaban detrás tenían la orden de guardar posición. Tenían prohibido correr en su rescate si caían en alguna trampa, el enemigo guardaría su vida por si tenía que negociar su rendición, eso decían las reglas de la guerra. Con las órdenes ya dadas, el líder de los zorros avanzó al abrigo de la noche. Iba tranquilo, todos conocían su papel. No se permitiría el desbande de las filas ya que en el orden estaba siempre la victoria. Había avanzado lo suficiente como para saber que el enemigo no era tan numeroso. Una súbita confianza lo embargó, como tantas otras veces, al sentir que nuevamente la fortuna le sonreía.
Pronto tuvieron que arrastrarse por la hierba para acercarse a la luz. Desde donde estaban se veía una larga fila de pequeñas barricadas que él conocía muy bien. Se montaban para dar refugio a los arqueros y la infantería liviana, él mismo las usaba para organizar sus cargas. detrás se divisaban siluetas y algunas corazas. Al fondo se adivinaban algunas lanzas, nada demasiado impresionante.

Una sombra se movía de una barricada a la otra dando órdenes. El plan era elaborado pero sería simple si los intérpretes se ceñían a su papel. Le puso la mano en el hombro a cada uno y les señaló el blanco. Vasijas de barro suspendidas entre las ramas de los árboles que tenían un lado pintado de blanco con cal y el opuesto de negro, además de una buena capa de grasa de cerdo que las hacía brillar a la luz de las antorchas. Carlos tenía todo planificado y saboreaba ese final que tanto le animaba. Se acercó al extremo de las barricadas y se encontró con Vallekano. Su cara era de preocupación. El incendiario le sonrió y solo le dijo...

─sólo tienes que acertar una mi amigo, no te preocupes.

Un búho ululó en la noche y todos se prepararon. Hasta Marión presintió que quizás eso fuera una señal y ordenó retroceder pero ya era tarde. Cuando el búho volvió a cantar todos escucharon las flechas silbar. Se escuchó en el bosque el sonido claro de la cerámica estallando y una lluvia fina empezó a caer sobre los zorros negros. Nadie alcanzó a ver de donde venía esa llovizna pero sabía a aceite, a sal y a grasa de cerdo entre otras cosas. Las capas negras empezaron a empaparse y a todos se les dibujó el miedo en el rostro, sobre todo cuando Carlos hizo su declaración solemne...

─Parte hacia la llama mi ofrenda, recíbela señor del fuego...rezó soltando suavemente la cuerda.

La flecha encendida describió un suave arco y viajó en búsqueda de su destino cayendo en medio de ellos. Al principio todos esperaron alguna orden pero empezaron a retroceder instintivamente. Marión, olvidando toda precaución corrió para alertarlos. Rompió el silencio dando un gritó que se oyó en todo el bosque...

─corran!...

La cara del mayor se iluminó de pronto. Un fogonazo cegador seguido de una oleada de calor intenso le dio de lleno en el rostro. Como una danza macabra de gigantescas antorchas la compañía de los Zorros negros imperiales ardió mientras todos corrían envueltos en llamas. Chocaban unos con otros encendiendo a los que todavía no ardían hasta que los gritos inundaron el bosque. Soldados de elite seleccionados cuidadosamente y preparados para el asalto desde su juventud fueron emboscados de la manera más infame, y el responsable de ello contemplaba la escena horrorizado. Marión siguió corriendo, quitándose la capa para intentar apagar a los que pudiera pero ya era tarde. Los pocos que aún respiraban sufrían en terrible agonía pidiendo que los mataran. El extremo cerca del río era donde un puñado de ellos había logrado desembarazarse de sus atuendos y pecheras, y fueron presa fácil de los arcos de la hermandad que ya avanzaba desde ambos flancos. Cuando las flechas se acabaron desenvainaron dispuestos a terminar con el sufrimiento de los que quedaban hasta encontrarse con Marión en el centro. Estaba junto a sus guardias tomando de las manos a un par de moribundos con lágrimas en los ojos. Los guardias rodearon a Marión con sus espadas en mano pero eran demasiado pocos para defenderlo.

─bajen las espadas y sálvense, todo esto es mi culpa ─dijo el mayor completamente derrotado.

─los Zorros Negros viven y mueren juntos ─contestó un guardia y se lanzó hacia los hermanos. Sharra le dio la razón a la última parte. Hiperión y Valkiria hicieron lo propio con otro par. Solo Alex y Brian pidieron que suelten las armas, la negativa fue inmediata y el resto corrió la misma suerte. Sólo Marión permanecía de pie esperando su final. Leo hizo un gesto para que se detuvieran.
Bajó la espada y se acercó al mayor que entendió que el que se acercaba era el líder.

─diga su última voluntad señor. ─fue todo lo que dijo Leo

─...¿ustedes son los fantasmas verdad?...son sólo un puñado, no se cómo lo lograron...espero que no olviden quemar a los de arriba...mi último deseo es morir como un soldado...¿hay alguien que haya servido y entienda lo que pido?

─Lo entendemos perfectamente.

Marión le dio la espalda a Leo y se arrodilló. se sacó el yelmo y descubrió su nuca mientras miraba a sus hombres consumidos por el fuego.

─no merecían morir así ─dijo y cerró los ojos. Ya no pudo decir más nada.










domingo, 12 de agosto de 2018

Crow "hechizado" pluma de cuervo





Mucho se habló en su momento del Ojo del Cuervo, un culto afianzado en el reino sureño de Yurzhani, frente a las costas del mar oscuro. Vino de la mano de la profecía que anunciaba el ocaso del mundo y el comienzo de la noche de los hombres. Sus creencias estaban influenciadas fuertemente por la magia oscura que esperaba con ansias a la noche que devora al mundo. Se decía que al profeta del culto le era manifestado el porvenir de los hombres desde la cuna. Así fue como mandó secuestrar a niños elegidos desde el vientre materno. Esos que las "hermanas nido" cuidarían hasta la edad en que pudieran empezar su entrenamiento. Luego serían preparados en todas las destrezas necesarias para asegurar el cumplimiento de las ejecuciones que el Ojo designara.
El Ojo marcaba desde su infinita sabiduría el destino de los hombres. Los que propiciarían la llegada de la noche, y los que serían apartados para impedir que lo evitaran. El culto prosperó notablemente y se expandió por todo el sur, sus filas se engrosaron con voluntarios que serían tomados ya en edad adulta, si ostentaran posiciones notables en los reinos. Luego se agregaron los oficios y pronto toda actividad desarrollada en la región contaba con un representante en las asambleas. Muchos huérfanos fueron tomados de los callejones del reino para ser entrenados. Ellos ya sabían sobrevivir por su cuenta y eran excelentes ladrones. El entrenamiento era más acotado y preciso, sólo debían aprender a matar.
Crow siempre se destacó entre sus pares. Era rápido y ágil, tanto de cuerpo como de mente.Vestía de  género negro con pechero negra de cuero endurecido. La capucha calada ocultaba su rostro todo el tiempo, los cuchillos arrojadizos eran su debilidad. Solía perfeccionar su técnica diariamente y les adosaba una pluma de cuervo para que silbara mientras viajaban hacia su blanco. Ese sonido de muerte fue su firma, y sus cuchillos eran cuervos llamados a la matanza. Lo conocieron como Pluma negra. Era un excelente estratega. Analizaba situaciones y trazaba planes para las distintas misiones del culto. Solía mirar fijamente los mapas como si entrara en un trance misterioso, como si estos le hablaran. Pronto se ganó el mote de Cuervo Hechizado, por sus raras costumbres de ver en los mapas lo que nadie más. Ganó renombre gracias a su talento y su reputación excedió los limites de Yurzhani, pero así como lograba ver en los mapas cosas ocultas, no le costó descubrir que el Ojo del Cuervo profetizaba por encargo y que cobraba por ello. Tuvo que huir cuando fue culpado de apostasía por el mismo profeta para cubrir sus propias faltas y tuvo que vender sus servicios a quien estuviera dispuesto a pagarlos. Siempre encontró trabajo.
Con el tiempo se encontró con otros renegados del culto, entre ellos una fina y elegante asesina llamada Wonder que reclutaba para un mercenario conocido como coraza roja, "la daga de los reyes", y empezó a trabajar para él. Siempre con su atuendo negro y sus dagas voladoras, con sus habilidades para la matanza, su efectividad era casi profética. Si él posaba los ojos en un blanco, el destino ya estaba escrito, con una pluma de cuervo.



Haru "domadora" reina de los tigres




En las montañas de la tormenta existe una tribu que jamás ha tenido que empuñar una espada, y que sin embargo permanece a salvo de salteadores y bandidos. Este pueblo, los Bechas o nación de la primavera, nacen y crecen rodeados de la más temible raza de felinos. Los tigres de la niebla. Esos que han dominado las montañas de la región por siglos. Y que hoy, en tiempos de guerra, han sido confinados a las cercanías de este pueblo, quienes han decidido protegerlos. La unión entre los felinos y los Bechas es notable, y cada generación designan un rey o reina de ambas razas que encabeza las ceremonias. El monarca designado debían tener la fortaleza para controlar el temperamento de los animales y la destreza para blandir la espada que alejara a sus enemigos. El año de la gran matanza, los tigres atacaron una caravana imperial de suministros que cruzaba la región y despertaron la ira del general a cargo que organizó una campaña contra ellos. Cuando los soldados imperiales avanzaron sobre la montaña, la tribu luchó encarnizadamente junto a sus felinos para repelerlos, pero las tropas eran demasiadas y aunque causaron grandes estragos fueron diezmados.
El rey Koshachy resultó herido y su hermana Haru asumió el control. Ella desechó todo cargo y ayudó a su pueblo a encontrar un nuevo lugar para vivir, más profundo aún en las montañas sin sol, para luego partir en busca de aliados que ayudaran a la tribu a sobrevivir junto a sus tigres. Haru intentó ganar para su causa a varios pueblos pero la mayoría temía demasiado a la fuerza invasora. Cuando ingresó en el sendero alto del espinazo del dragón, un cordón montañoso que desembocaba en el sur se encontró con los domadores de dragones, un grupo de guerreros que se dedicaba tanto a combatir titanes como a resistir los intentos de invasión del imperio del este. Supo que mientras estos reinos no cayeran, el imperio estaría demasiado ocupado como para continuar su campaña en otros lugares. El tiempo le dio la razón, cualquier otra región se convirtió sólo en lugar de paso. El imperio sólo miraba el lugar donde su bota no lograba pisar con libertad. Entonces fue que Haru decidió unirse a la hermandad. Su hermano ya estaba repuesto y ahora entrenaba una guardia que vigilara las montañas, todo gracias a las iniciativas de ella.
Es común verla en batalla junto a sus gatitos, Haru y Arashi, dos enormes ejemplares de 300 kilos, criados por ella desde cachorros, a los que les confeccionó sus propias corazas de cuero, y cuando ellos lo permiten, hasta cabezales tienen. Sin embargo prefiere no exponerlos la mayoría de las veces. Su talento con la espada es igualmente admirable y ha sido uno de los puntales de la hermandad cuando los fundadores se fueron. Hoy es requerido su consejo en las decisiones importantes, ya que ha tenido que rescatar a su propio pueblo de las dificultades en el pasado. Dicen que cuando suena el rugido de un tigre en la montaña debes prestar atención a que un enorme animal no te esté acechando pero si acaso ves a una guerrera con un yelmo de cabeza de felino debes temer igualmente, quizás haya sido ella la que ha rugido dándote aviso de que estás en dominios y que no es aconsejable desafiar a la reina de los tigres.

viernes, 10 de agosto de 2018

Sharra, "silenciosa" los ojos llenos de muerte





En los inviernos más crudos, cuando más se sufría la falta de alimentos, las tribus, bandoleros y a veces mercenarios del este, entraban al valle para saquear los pequeños poblados de frontera. No sólo buscaban provisiones para sobrevivir el frío. También había quienes gustaban de hacer daño a los habitantes del valle del dragón. La guardia del reino no cuidaba demasiado las fronteras pero cuando el daño era grande enviaban alguna partida destinada a castigar los desmanes.
En unos de esos ataques fugaces, la victima fue el pequeño poblado de Hua. Los moradores eran gente aguerrida y decidieron defenderse, se desató entonces una verdadera carnicería. Sólo un puñado de niños de la aldea sobrevivieron y fueron llevados para ser vendidos en el gran mercado. Durante la segunda noche de viaje un niña flacucha y fibrosa que solía pastorear cabras en las alturas se levantó en silencio. Acostumbrada a defender su rebaño de los lobos, matándolos si fuera necesario, decidió proteger a los últimos de su aldea dando cuenta de la partida de mercenarios. Los mató uno por uno, sin hacer ruido. Tuvo dificultades con el último, el más fuerte, ya que este le cortó el rostro justo bajo el ojo en una herida que llegaba hasta el  mentón. Pero ella no retrocedió y cortó el muslo del hombre justo donde la sangre sale como torrente. Allí perdió toda fuerza el último de ellos. Ella le pidió el nombre de su líder y éste para intentar salvarse nombró al emperador del este, pero esto no impresionó a la niña. Nada lo salvó de ser degollado.
El resto de los niños tuvo miedo de la muchacha, de su destreza, de que estaba cubierta de sangre y de su mirada, furiosamente serena. Ella los dejó a todos en una granja de cerdos en un valle cercano. Se presentó cubierta de sangre y restos y le dijo al granjero que los cuidara, que un día volvería. Aceptó que la esposa de este le cubriera la herida con un emplasto pero no se quedó. Dijo que aún le faltaba mucho camino, que iría en busca de un maestro que le enseñara a luchar. Uno de quién se contaban leyendas pero que nadie conocía. Dicen que este maestro que todos llamaban Saukendar realmente existía y que lo encontró finalmente. Que este muy a su pesar le enseñó el canto del cuchillo, y la danza de la espada. Junto con el resto de la música de guerra. Y que aunque llevaba años viviendo como un ermitaño lloró por su partida. Un día ella se despidió diciendo que ahora tocaba volver por los suyos y refundar su aldea. Que ya no necesitaba ir a buscar al emperador porque este venía finalmente hacia ella. Y aunque reunió a los suyos y los trajo de vuelta, entendió que su vida ya no estaba allí.
Una partida fronteriza que buscaba bandoleros se encontró con un grupo de aldeanos reconstruyendo su hogar. Al mando y cuidado de ellos sobresalía una mujer atlética, delgada y fibrosa con mirada fiera. Una cicatriz le surcaba el rostro. Estaba vestida de guerrera, aunque varias de sus prendas parecían ser masculinas. Al principio no emitió palabra a la partida y todos asumieron que era muda. La líder de esa expedición se llamaba Rebecca y la tomó como escudera al conocer su destreza. Pronto se destacó entre los demás soldados y aún siendo mujer derrotó a la mayoría de los hombres que enfrentó. Fue guardia de Rebecca cuando ascendió a capitana y muchas veces libró su vida en batalla.
Podía hablar elocuentemente pero prefería no hacerlo. Herencia de su vieja promesa de no volver a hablar hasta cumplir con su juramento. Prefiere los gestos a las palabras y las batallas a las reuniones de taberna. Dicen que si le preguntas a quién espera te señalará hacia las montañas, pero no dirá nada. Y si preguntas que hará cuando lleguen se encogerá de hombros y tampoco dirá nada. Pero si observas bien entenderás que la verdad siempre estará en sus ojos, en la intensidad de su mirada, llena de muerte.

jueves, 9 de agosto de 2018

Batallas hermanas, tercera parte


Marión, líder de los Zorros Negros no atinaba a dar un pronóstico de la situación. Sus exploradores habían vigilado el sendero alto por días. La noticia de que la resistencia en las montañas había cesado fue el impulso para empezar a marchar. También sabían que el principe de Lurtz se había desentendido de ellos hace tiempo dejando la vía libre a sus hombres para que avancen por el valle y los ataquen, de ser necesario. Era demasiado cobarde para salir de su fortaleza y pronto tomarían su castillo sin demasiada dificultad. El general Turbarión sólo les había advertido que no dejaran de vigilar a los que peleaban en la montaña, esa hermandad sin nombre ni líderes de renombre que sembraba corazas de caballeros muertos por el camino alto a manera de advertencia. La que plantaba trampas y había emboscado a los que habían sido demasiado incautos. Ellos no serían problema ya que escaparon dejando todo atrás y llevándose lo puesto. Había mandado una segunda partida para asegurarse de que esto fuera así. No hay nada como un buen desfile del ejército imperial para llenar los corazones enemigos de miedo. Había otro hombre junto a él, uno con una armadura diferente, hecha de varias placas superpuestas, el casco también era distinto. Mas voluminoso y elaborado, con un cuerno en la frente, le decían tortugas los que nunca habían visto un rinoceronte pero nunca se había aclarado el punto, además de que solían marchar al frente con los escudos en la cabeza a manera de caparazón. Su nombre era Barcas, y estaba visiblemente molesto de no estar al mando.

─Puedes explicarme eso zorro? dijiste que teníamos la vía liberada...

─no hubo ningún informe de que el ejército de Lurzt haya salido del castillo, mis exploradores tienen órdenes de capturar algunos locales para saber que está pasando.

─Y donde están esos hombres tuyos ahora? ─dijo Barcas que era enérgico y decidido. Creía que perdían tiempo allí detenidos cuando podrían estar armando campamento en las alturas. A él todo le sabía a emboscada.

─no vamos a refugiarnos tras una empalizada capitán ─contestó secamente Marión. ─Tenemos el castillo a unas horas y sabemos que es lo único importante, no me interesa una chusma organizada intentando resistirnos.

─tu no sábes que es lo que hay allí abajo y pretendes cargar contra ellos a ciegas. Después querrás que saque tu culo acomodado del fango zorro.

─le recuerdo que quién me comisionó a cargo fue el general, y que debe referirse a mí en los términos de mi rango capitán...

Ambos quedaron frente a frente por un momento. Marión era delgado y atlético y a pesar de su edad madura mantenía una prestancia que imponía respeto. Barcas era robusto, de hombros anchos y mayor talla. Aún sin su casco le llevaba una cabeza. La oportuna llegada de un soldado rompió la tensión entre ambos.

─Mayor!...ha vuelto un explorador, trajo a alguien.

Marión cruzó las filas dando grandes zancadas. Las líneas de soldados detenidas por horas empezaban a desorganizarse. No les habían permitido encender fuego ni beber vino, oficialmente seguían marchando. se crearon pequeñas rondas donde todos opinaban sobre lo que los había detenido.

─te digo que son ellos..la hermandad fantasma...─dijo un lancero de las tierras de Atros

─que sabes tu provinciano?...todos son cuentos de viejas ─contestó otro del reino de Paten

─demasiadas corazas negras vimos por el camino, esos hombres no murieron solos. ─contestó un tercero con algo de inquietud.

─a mí denme un poco de vino y díganme a quién matar, me estoy congelando ─agregó otro que se restregaba las manos mientras daba pasitos para mantenerse en calor.

Marión se encontró con el prisionero atado a un poste y terriblemente golpeado. Los tortugas se habían divertido un rato con él.

─dije que no tocaran a los prisioneros, marchaos o yo mismo los ejecuto ─dijo llevando la mano a la espada, los hombres de Barcas hicieron una venia socarronamente y se retiraron disimulando las risas.

Pronto uno de los hombres de Marion se acercó a su líder disculpándose...

─perdón mayor, mandé buscarlo pero ellos llegaron a provocarnos, si desenvainábamos teníamos una batalla aquí mismo. Exploré la zona hasta un camino que baja desde las alturas por detrás de la montaña, dí con un grupo de guerreros que se escapaban apurados.

─identificaste estandartes? alguna señal de si eran tropas sureñas? Marion estaba ávido de información sobre quienes eran los que se agrupaban.

─nada señor, corazas distintas, acentos distintos, ni siquiera parecían seguros de lo que estaban haciendo, creo que eran la resistencia de las montañas, pero muy desorganizados.

─gracias cabo, retírese ─dijo mientras tomaba un cuenco y lo llenaba de agua. Se acercó al prisionero, a simple vista un aldeano miserable. Estaba con la ropa hecha jirones, se le notaba el olor a estiércol y estaba sangrando por su boca.

─dime tu nombre ─le dijo ofreciéndole el agua, que el otro tomó con desesperación...

─Barbeta, mi señor.─dijo entre borbotones.

─ ¿De donde eres...Barbeta?

─Era...mi aldea fue destruida hace un tiempo y traté de ir al castillo pero me echaron como un perro, ahora soy un vagabundo señor...hasta que usted me rescató.

─¿que sábes de la hermandad de las montañas?...

─malditos, malditos sean ─dijo Barbeta golpeando el poste. ─robaron nuestros animales, quemaron nuestras granjas, todo por no querer unirnos a ellos, malditos!

─hay muchos cuentos de que nadie puede vencerlos, cuéntame todo, dime la verdad Barbeta ─insistió el mayor ofreciéndole más agua.

─el reino los detesta, el castillo no los apoya ya que han hecho más daño que bien, sólo los hicieron enojar a ustedes pero siempre atacan como bandoleros que son...malditos...─tomó aire, bebió otro trago y continuó ─se llevaron mi cerda señor, era todo lo que tenía, se la llevaron para hacer un banquete, viven como animales durmiendo al aire libre, nunca hacen campamento, por eso nadie puede encontrarlos.

─que es todo ese tumulto ahí abajo ─preguntó mirándolo fijamente.

─no quiero mentirle general, no lo sé, vinieron desde el río, yo corrí, eran muchos y si me encontraban me obligarían a pelear contra usted señor.

─tropas del palacio?

─vi muchos con lanzas, y antorchas, muchos con fuego, y detrás brillaba algo, creo que era metal...si, corazas, señor, vi muchas corazas pero tuve miedo...perdón, yo corrí señor, sólo corrí...

Marion lo observaba callado, notaba sus lágrimas, la voz quebrada, le pareció demasiado elaborado para ser un espía. Además nadie sabía que eran ellos quienes venían, ningún montañés podía distinguir sus estandartes, quizás las tropas del castillo.

El mayor lo tomó firmemente de la barbilla y lo hizo mirarlo de frente.

─¿sábes lo que pasará si mientes verdad?

Barbeta asintió con insistencia y no dejaba de mirarlo con miedo.

─sólo déjeme quedarme aquí señor...le serviré, vaciaré su letrina, lo que usted me pida pero déjeme quedarme ─rogó juntando sus manos en señal de súplica.

Marion lo miró con repulsión pero no contestó y apartó la vista. La duda es de donde había conseguido pelotas el príncipe para salir a enfrentarlos. ¿Había conseguido refuerzos del sur? Ese hombre no tenía pasta de héroe, era sólo una alimaña de palacio.  Lo peor es que ahora no sabía si tendría el apoyo de Barcas para avanzar. Las tropas estaban inquietas, tenían que ponerse en movimiento pronto o sería el caos. Barcas lo esperaba, el gesto seguía siendo desafiante. era hora de trazar un plan y de retazearle información.

─Vamos a iniciar el avance capitán, no dejaremos que...

─¿pretende engañarme capitán mayor?...¿creyó que no interrogaría a ese hombre antes que usted?

─no se que le habrá dicho él a sus hombres, que sólo se dedicaron a golpearlo

─no está prohibido tener conversación con los locales, además estaba ansioso por hablar ─dijo con un sonrisa de dientes ennegrecidoss Barcas.

─le ordeno que marche conmigo capitán ─empezó a decir Marion pero luego bajó el tono...─necesito que salgamos de aquí, ya sabemos que no habrá ataques desde la montaña, la resistencia se ha dispersado. No tendremos ventaja si no bajamos a terreno plano...

─yo no tendré ventaja luchando allí abajo sin poder fortificarme capitán mayor, aquí puedo hacerme fuerte y esperar las armas de asedio, los arqueros y mis escuderos.

─pues bajaré sin las tortugas si es necesario, y créame capitán que esto llegará a oídos del general.

─pues vete a morir allí si eso ansías zorro, pero no me moveré a ciegas sólo porque has sido inservible para esta tarea. No has dado la talla...permiso...mi capitán mayor ─le escupió con desprecio Barcas y se retiró.

Marion tuvo el impulso de sacar su espada, pero eso sería el final de todo, así que se contuvo. Ahora debía iniciar una marcha forzada sin la pesada protección del Paño Morado. Sólo lo motivaba la idea de vencer en soledad y arrojar la tortuga de hierro a la mayor de las verguenzas. De ese pensamiento se aferró, no tenía mucho mas, sabía que era un error pero su honor había sido puesto en cuestión y pretendía defenderlo, aunque eso fuera su ruina...











martes, 7 de agosto de 2018

Batallas hermanas, segunda parte

Leo redujo la guardia al mínimo. Varios hermanos montaron y salieron con rumbos diferentes. Se dirigían a las aldeas cercanas mientras la hermandad sacaba del campamento todo su arsenal, herramientas y hasta sus ollas. Todo lo metálico, todo lo que resonara, sería bajado al camino. Espinal y Kurz pusieron en hileras las antorchas que tenían, mientras el resto fabricaba más...

─¿puedes explicar que es todo esto? ─ preguntó Valkiria a un Leo demasiado concentrado en mirar el mapa...─ ¿esto?...esto es un ejército hermana. Valkiria miró a Sharra que sólo se encogió de hombros y siguió sacando trastos para bajar al camino. No había muchas dudas al respecto, a los ojos de todos estaban evacuando el campamento.
Brian y Alex estaban juntando las cosas en el camino pensando en que no había muchos lugares adónde escapar. Se les unió Hiperión que estaba extrañado. No parecía un escape, o al menos no uno premeditado.

─¿Alguien entiende que está pasando aquí?

─pensé que nos íbamos pero ¿por qué estamos dejando toda la comida, por qué no estamos preparando las carretas? no entiendo ─contestó Alex.

Xamu preparaba antorchas junto a la senda mientras miraba como los hermanos seguían bajando cosas por la cuesta. Le parecía una pérdida de tiempo lo que hacía en esos momentos pero le dijeron que no había tiempo para explicaciones. Oscar volvió de una de las aldeas cercanas y le hizo una seña a Leo que ya había bajado para organizar las cosas. Raluk y Parabel también aparecieron e hicieron un gesto parecido al líder aunque nadie sabía muy bien como interpretar las misiones recibidas.

─Lleven todo cerca del Vado del Ganso ─ordenó Crow. Este era un claro en el bosque a no mucha distancia donde un brazo del río se volvía un pequeño arroyo, de poca profundidad. Todos dudaron del juicio de los estrategas. Si estaban escapando estaban reuniéndose en un lugar visible desde el camino alto. Todos los caballeros negros que venían marchando sabrían donde estaban.
Les llevó un tiempo movilizar todas las cosas, sobre todo porque no usaron carretas y los caballos los usaban para hacer viajes rápidos a las aldeas vecinas. ASI el callado los estaba esperando en el claro y les indicó permanecer ocultos en el bosque. Al menos alguien estaba usando la cabeza. Allí se encontraron con multitud de aldeanos que al parecer habían sido convocados. Hombre mujeres y niños estaban allí expectantes. Era impensable que Leo los convocara a luchar, sería una masacre, tampoco podían llevarlos con ellos si no tenían un destino seguro que ofrecerles.

Carlos, Baraqz y Wonder fueron reuniendo grupos de aldeanos y les explicaban cosas que los hermanos no llegaban a oir, seguramente instruyéndoles en como escapar si eran atacados por las tropas imperiales. Hiperión no tenía la menor idea de lo que hacía su propio grupo. en un momento Davan se acercó a Barbeta que se había vestido de aldeano, cosa que les pareció a todos despreciable ya que preferían enfrentar su destino con una espada en la mano. Habló algunas palabras con él, seguramente de despedida, y vio como se alejó por el bosque. Un cobarde menos sería entonces. La confusión de los hermanos era total. y se reflejaba vívidamente en sus rostros. A esa altura ya todo rayaba en el caos absoluto. Leo finalmente apareció ante ellos y eran muchos los que tenían algo para decir.

─no llegamos hasta aquí para huir como ratas, algunos no tenemos miedo de pelear a pesar de las desventajas. Propongo que Alex nos lidere en una última carga ─dijo molesto Brian.

─aceptaré si todos están de acuerdo ─contestó él.

Leo alzó una mano, pidiendo la palabra cuando todos empezaron a discutir.

─Hermanos...nos estaban observando en el camino hace un rato, no podía decirles mucho allí pero aquí estamos todavía ocultos.

─nos observaban porque quitaste las guardias y las enviaste a las aldeas, sino no se hubieran acercado tanto ─contestó airado Vallekano.

─Lo se mi hermano, lo se...ese era el plan.

─¿vernos correr confundidos dejando el campamento atrás? ¿es que acaso querías subirle la moral al enemigo? ─retrucó Haru. Leo simplemente sonrió y asintió con la cabeza.

─nuestro líder se volvió loco ─dijo desde más atrás Garlick, visiblemente decepcionado.

Parabel sacó un tambor de grandes dimensiones que trajo en la grupa de una mula y se alistó para tocar. Emithan corría febrilmente por el bosque preparando cosas en el suelo junto a Jenny y Daniel, en un momento se giraron y le hicieron una seña a Leo que los mandó regresar.

─hermanos, prometo no decepcionarlos, por supuesto que pelearemos, pero necesitabamos del mayor número de gente que pudiéramos conseguir...

─sólo harás que los maten Leo, niños mujeres y viejos, ténles piedad y envíalos de vuelta a sus camas ─rogó Valkiria apoyada por Haru.

─son quienes nos darán la victoria, te lo puedo asegurar hermana ─dijo con seguridad el líder y los mandó a formar en el bosque. ─hermanos...sólo les pido marchar conmigo por el claro al son del tambor una vez más, prometo que pronto entenderán.

Los hermanos se formaron en el extremo sur del claro, sin caballos al frente, solo ellos marchando con Parabel marcando el paso con su parche. Leo, Hiperion, Brian, Alex, Kurz, Espinal al frente. Chaban intentaba explicarle a Arlorg que según podía entender estaban haciendo algún tipo de ritual antes de entrar en batalla. El salvaje miraba extrañado la ceremonia, amasando el mango de su mazo de guerra con dedos ansiosos.
Parabel comenzó a tocar desde el río y magicamente los aldeanos empezaron a encender sus antorchas. El bosque pareció iluminarse aunque el río todavia ahogaba el redoble con su portentoso caudal...Parabel gritó.

─tropas de Lurzt, orgullo del sur avancen! mientras daba un redoble. la hermandad dió un paso y el eco del metal rugió en todo el bosque...

─tropas de Lurzt avancen! y dio otro redoble, y otro paso, y el ruido del metal resonando otra vez en todo el bosque.

Los hermanos siguieron marchando sintiendo un estruendo que no era propio. Miraron extrañados hacia los lados y vieron a los aldeanos esperando el tambor para entrechocar metales, azadas, palas, ollas en un solo sonido, magnificando sus pasos. Estaban ocultos en el bosque pero se hacía oir mientras niños y ancianos llevaban antorchas haciendo gruesa la linea de marcha, el bosque entero parecía marchar al son del tambor y los gritos de Parabel. Los hermanos cruzaron el bosque y alli Parabel los mandó nuevamente al final del claro, por la espesura, siempre marchando, siempre al son del tambor.
A cada pasada el tambor cambiaba su ritmo y Parabel cambiaba también la arenga. El repertorio era variado en algunos momentos logrando verdaderos aciertos que todos vivaban y cantaban a pulmón lleno.

«Dragón, el infierno tan temido...dragón, de las ascuas ha venido...»

«dragón, son sus ojos como brasas...dragón, aliento que todo arrasa...»

«dragón!...»

Emithan y Daniel avanzaban en el bosque encendiendo antorchas que ya habían preparado. La columna avanzaba al son de los fuegos que encendían los hermanos. Pronto, desde las alturas podían divisarse un cordón de fuego de varias leguas. todo un espectáculo que se sumaba al estruendo de metal y los rugidos de quienes venían marchando por el bosque.

─¿funcionará? ─preguntó Crow, a quién por primera vez se le dibujó una duda en el rostro.

─si conoces algo de los hombres es que necesitan muy poco para reclamar la razón...esperemos ─contestó Davan mientras miraba hacia la montaña. El portezuelo lucía hermoso bajo una luna que lucía rojiza, quizás por el fuego y el humo que los rodeaba. Davan sintió que hasta ella le mostraba su apoyo. Luna de sangre...todo un presagio.









lunes, 6 de agosto de 2018

Las batallas hermanas

No costó mucho dar con la fila de guerreros que avanzaba por el camino alto. Vallekano llegó con apuro anunciando la mayor cantidad de caballeros negros reunidos que había visto en su vida. Davan había bajado rápido del mirador y ya estaba reunido con Leo y Crow definiendo la estrategia. Hiperión le había dicho a los suyos que empaquen rápido. No había manera de enfrentar a dos compañías, si luchando sólo con una el resultado había sido incierto, esto enterraba sus posibilidades. El mensajero de Solot llegó después de sostener una larga carrera por los senderos de montañas ocultándose del ejército enemigo. Su mensaje fue corto y preciso. Venían dos compañías,directamente del frente oriental. La compañía del Paño púrpura, la histórica línea de defensa especialista en resistir asedios en terreno enemigo. O como todos la conocían, Tortuga de hierro. Y la compañía del Zorro Negro. Los que habían tomado por asalto varios castillos en la campaña del este. Estos eran atacantes osados, con gran determinación. Los zorros negros portaban armaduras ligeras. Eran rápidos para cargar y diestros en combate cerrado.

─¿ves lo que yo veo Leo? ─dijo Davan con su habitual calma, luego de despedir al mensajero.

─Si Davan, tenemos enfrente a la mejor defensa y el mejor ataque que podían lanzarnos a la cara, además de que nos superan en número...como siempre.

─Te contaré algo de ellos ─dijo Davan mostrando cierta templanza. No parecía todo lo nervioso que Leo esperaba.

─Las compañías imperiales suelen ser más efectivas por separado, ya que suelen competir entre sí por el favor del emperador. Son pocas las que verdaderamente pueden pelear juntas. Tortuga de hierro funciona bien con una buena compañia de arqueros y maquinistas de asedio como puede ser Flecha dorada, en cambio los Zorros Negros necesitan escuderos rápidos, ágiles, que monten pequeñas barricadas desde las cuales lanzarse al ataque...se me viene a la cabeza Escudo de roble.

─En cuanto ataquemos se unirán y poco importará cuanto se detesten Davan...no entiendo a donde vas.

─Hay muchas cosas que no se Leo, pero te puedo apostar mi vida a que Tortuga de Hierro quiere acampar en el camino y no se lo han permitido, continúan marchando, así que le han dado la potestad a los zorros, por eso no se detienen. Ellos han marchado muchas veces de noche para sorprender a los enemigos. Han tomado castillos en la oscuridad. Van al castillo de Lurzt a tomarlo de una vez y sentar una base permanente...

─Y quieren que la Tortuga de Hierro les cuide la retaguardia mientras avanzan ─completó Leo asintiendo con la cabeza. ─¿tú crees que ellos se limitarán a ser simple relleno? Davan negó con la cabeza y agregó ─esta es la puerta del sur, si pasan de aquí es sólo cuestión de tiempo. Pueden parecernos muchos pero estarían tomando cinco reinos con un puñado de caballeros. Será mucha la gloria para el estandarte que ondee en ese castillo. ─dijo señalando con la cabeza hacia Lurzt. ─Aún así, siguen demasiados para nosotros, no podemos enfrentarlos abiertamente ─dijo con un atisbo de pesar Davan.

─hay que devolverlos al camino alto ─dijo Crow mirando hacia el valle. Él también conocía la fama de esas compañías, había sido auxiliar imperial en otra época. ─si le presentamos un obstáculo lo suficientemente grande, tendrán soluciones opuestas para enfrentarlo.

─¿en que estás pensando Crow? Davan estaba interesado en el aporte del estratega.

─en lo mismo que tú Davan, en separarlos.