martes, 7 de agosto de 2018

Batallas hermanas, segunda parte

Leo redujo la guardia al mínimo. Varios hermanos montaron y salieron con rumbos diferentes. Se dirigían a las aldeas cercanas mientras la hermandad sacaba del campamento todo su arsenal, herramientas y hasta sus ollas. Todo lo metálico, todo lo que resonara, sería bajado al camino. Espinal y Kurz pusieron en hileras las antorchas que tenían, mientras el resto fabricaba más...

─¿puedes explicar que es todo esto? ─ preguntó Valkiria a un Leo demasiado concentrado en mirar el mapa...─ ¿esto?...esto es un ejército hermana. Valkiria miró a Sharra que sólo se encogió de hombros y siguió sacando trastos para bajar al camino. No había muchas dudas al respecto, a los ojos de todos estaban evacuando el campamento.
Brian y Alex estaban juntando las cosas en el camino pensando en que no había muchos lugares adónde escapar. Se les unió Hiperión que estaba extrañado. No parecía un escape, o al menos no uno premeditado.

─¿Alguien entiende que está pasando aquí?

─pensé que nos íbamos pero ¿por qué estamos dejando toda la comida, por qué no estamos preparando las carretas? no entiendo ─contestó Alex.

Xamu preparaba antorchas junto a la senda mientras miraba como los hermanos seguían bajando cosas por la cuesta. Le parecía una pérdida de tiempo lo que hacía en esos momentos pero le dijeron que no había tiempo para explicaciones. Oscar volvió de una de las aldeas cercanas y le hizo una seña a Leo que ya había bajado para organizar las cosas. Raluk y Parabel también aparecieron e hicieron un gesto parecido al líder aunque nadie sabía muy bien como interpretar las misiones recibidas.

─Lleven todo cerca del Vado del Ganso ─ordenó Crow. Este era un claro en el bosque a no mucha distancia donde un brazo del río se volvía un pequeño arroyo, de poca profundidad. Todos dudaron del juicio de los estrategas. Si estaban escapando estaban reuniéndose en un lugar visible desde el camino alto. Todos los caballeros negros que venían marchando sabrían donde estaban.
Les llevó un tiempo movilizar todas las cosas, sobre todo porque no usaron carretas y los caballos los usaban para hacer viajes rápidos a las aldeas vecinas. ASI el callado los estaba esperando en el claro y les indicó permanecer ocultos en el bosque. Al menos alguien estaba usando la cabeza. Allí se encontraron con multitud de aldeanos que al parecer habían sido convocados. Hombre mujeres y niños estaban allí expectantes. Era impensable que Leo los convocara a luchar, sería una masacre, tampoco podían llevarlos con ellos si no tenían un destino seguro que ofrecerles.

Carlos, Baraqz y Wonder fueron reuniendo grupos de aldeanos y les explicaban cosas que los hermanos no llegaban a oir, seguramente instruyéndoles en como escapar si eran atacados por las tropas imperiales. Hiperión no tenía la menor idea de lo que hacía su propio grupo. en un momento Davan se acercó a Barbeta que se había vestido de aldeano, cosa que les pareció a todos despreciable ya que preferían enfrentar su destino con una espada en la mano. Habló algunas palabras con él, seguramente de despedida, y vio como se alejó por el bosque. Un cobarde menos sería entonces. La confusión de los hermanos era total. y se reflejaba vívidamente en sus rostros. A esa altura ya todo rayaba en el caos absoluto. Leo finalmente apareció ante ellos y eran muchos los que tenían algo para decir.

─no llegamos hasta aquí para huir como ratas, algunos no tenemos miedo de pelear a pesar de las desventajas. Propongo que Alex nos lidere en una última carga ─dijo molesto Brian.

─aceptaré si todos están de acuerdo ─contestó él.

Leo alzó una mano, pidiendo la palabra cuando todos empezaron a discutir.

─Hermanos...nos estaban observando en el camino hace un rato, no podía decirles mucho allí pero aquí estamos todavía ocultos.

─nos observaban porque quitaste las guardias y las enviaste a las aldeas, sino no se hubieran acercado tanto ─contestó airado Vallekano.

─Lo se mi hermano, lo se...ese era el plan.

─¿vernos correr confundidos dejando el campamento atrás? ¿es que acaso querías subirle la moral al enemigo? ─retrucó Haru. Leo simplemente sonrió y asintió con la cabeza.

─nuestro líder se volvió loco ─dijo desde más atrás Garlick, visiblemente decepcionado.

Parabel sacó un tambor de grandes dimensiones que trajo en la grupa de una mula y se alistó para tocar. Emithan corría febrilmente por el bosque preparando cosas en el suelo junto a Jenny y Daniel, en un momento se giraron y le hicieron una seña a Leo que los mandó regresar.

─hermanos, prometo no decepcionarlos, por supuesto que pelearemos, pero necesitabamos del mayor número de gente que pudiéramos conseguir...

─sólo harás que los maten Leo, niños mujeres y viejos, ténles piedad y envíalos de vuelta a sus camas ─rogó Valkiria apoyada por Haru.

─son quienes nos darán la victoria, te lo puedo asegurar hermana ─dijo con seguridad el líder y los mandó a formar en el bosque. ─hermanos...sólo les pido marchar conmigo por el claro al son del tambor una vez más, prometo que pronto entenderán.

Los hermanos se formaron en el extremo sur del claro, sin caballos al frente, solo ellos marchando con Parabel marcando el paso con su parche. Leo, Hiperion, Brian, Alex, Kurz, Espinal al frente. Chaban intentaba explicarle a Arlorg que según podía entender estaban haciendo algún tipo de ritual antes de entrar en batalla. El salvaje miraba extrañado la ceremonia, amasando el mango de su mazo de guerra con dedos ansiosos.
Parabel comenzó a tocar desde el río y magicamente los aldeanos empezaron a encender sus antorchas. El bosque pareció iluminarse aunque el río todavia ahogaba el redoble con su portentoso caudal...Parabel gritó.

─tropas de Lurzt, orgullo del sur avancen! mientras daba un redoble. la hermandad dió un paso y el eco del metal rugió en todo el bosque...

─tropas de Lurzt avancen! y dio otro redoble, y otro paso, y el ruido del metal resonando otra vez en todo el bosque.

Los hermanos siguieron marchando sintiendo un estruendo que no era propio. Miraron extrañados hacia los lados y vieron a los aldeanos esperando el tambor para entrechocar metales, azadas, palas, ollas en un solo sonido, magnificando sus pasos. Estaban ocultos en el bosque pero se hacía oir mientras niños y ancianos llevaban antorchas haciendo gruesa la linea de marcha, el bosque entero parecía marchar al son del tambor y los gritos de Parabel. Los hermanos cruzaron el bosque y alli Parabel los mandó nuevamente al final del claro, por la espesura, siempre marchando, siempre al son del tambor.
A cada pasada el tambor cambiaba su ritmo y Parabel cambiaba también la arenga. El repertorio era variado en algunos momentos logrando verdaderos aciertos que todos vivaban y cantaban a pulmón lleno.

«Dragón, el infierno tan temido...dragón, de las ascuas ha venido...»

«dragón, son sus ojos como brasas...dragón, aliento que todo arrasa...»

«dragón!...»

Emithan y Daniel avanzaban en el bosque encendiendo antorchas que ya habían preparado. La columna avanzaba al son de los fuegos que encendían los hermanos. Pronto, desde las alturas podían divisarse un cordón de fuego de varias leguas. todo un espectáculo que se sumaba al estruendo de metal y los rugidos de quienes venían marchando por el bosque.

─¿funcionará? ─preguntó Crow, a quién por primera vez se le dibujó una duda en el rostro.

─si conoces algo de los hombres es que necesitan muy poco para reclamar la razón...esperemos ─contestó Davan mientras miraba hacia la montaña. El portezuelo lucía hermoso bajo una luna que lucía rojiza, quizás por el fuego y el humo que los rodeaba. Davan sintió que hasta ella le mostraba su apoyo. Luna de sangre...todo un presagio.









lunes, 6 de agosto de 2018

Las batallas hermanas

No costó mucho dar con la fila de guerreros que avanzaba por el camino alto. Vallekano llegó con apuro anunciando la mayor cantidad de caballeros negros reunidos que había visto en su vida. Davan había bajado rápido del mirador y ya estaba reunido con Leo y Crow definiendo la estrategia. Hiperión le había dicho a los suyos que empaquen rápido. No había manera de enfrentar a dos compañías, si luchando sólo con una el resultado había sido incierto, esto enterraba sus posibilidades. El mensajero de Solot llegó después de sostener una larga carrera por los senderos de montañas ocultándose del ejército enemigo. Su mensaje fue corto y preciso. Venían dos compañías,directamente del frente oriental. La compañía del Paño púrpura, la histórica línea de defensa especialista en resistir asedios en terreno enemigo. O como todos la conocían, Tortuga de hierro. Y la compañía del Zorro Negro. Los que habían tomado por asalto varios castillos en la campaña del este. Estos eran atacantes osados, con gran determinación. Los zorros negros portaban armaduras ligeras. Eran rápidos para cargar y diestros en combate cerrado.

─¿ves lo que yo veo Leo? ─dijo Davan con su habitual calma, luego de despedir al mensajero.

─Si Davan, tenemos enfrente a la mejor defensa y el mejor ataque que podían lanzarnos a la cara, además de que nos superan en número...como siempre.

─Te contaré algo de ellos ─dijo Davan mostrando cierta templanza. No parecía todo lo nervioso que Leo esperaba.

─Las compañías imperiales suelen ser más efectivas por separado, ya que suelen competir entre sí por el favor del emperador. Son pocas las que verdaderamente pueden pelear juntas. Tortuga de hierro funciona bien con una buena compañia de arqueros y maquinistas de asedio como puede ser Flecha dorada, en cambio los Zorros Negros necesitan escuderos rápidos, ágiles, que monten pequeñas barricadas desde las cuales lanzarse al ataque...se me viene a la cabeza Escudo de roble.

─En cuanto ataquemos se unirán y poco importará cuanto se detesten Davan...no entiendo a donde vas.

─Hay muchas cosas que no se Leo, pero te puedo apostar mi vida a que Tortuga de Hierro quiere acampar en el camino y no se lo han permitido, continúan marchando, así que le han dado la potestad a los zorros, por eso no se detienen. Ellos han marchado muchas veces de noche para sorprender a los enemigos. Han tomado castillos en la oscuridad. Van al castillo de Lurzt a tomarlo de una vez y sentar una base permanente...

─Y quieren que la Tortuga de Hierro les cuide la retaguardia mientras avanzan ─completó Leo asintiendo con la cabeza. ─¿tú crees que ellos se limitarán a ser simple relleno? Davan negó con la cabeza y agregó ─esta es la puerta del sur, si pasan de aquí es sólo cuestión de tiempo. Pueden parecernos muchos pero estarían tomando cinco reinos con un puñado de caballeros. Será mucha la gloria para el estandarte que ondee en ese castillo. ─dijo señalando con la cabeza hacia Lurzt. ─Aún así, siguen demasiados para nosotros, no podemos enfrentarlos abiertamente ─dijo con un atisbo de pesar Davan.

─hay que devolverlos al camino alto ─dijo Crow mirando hacia el valle. Él también conocía la fama de esas compañías, había sido auxiliar imperial en otra época. ─si le presentamos un obstáculo lo suficientemente grande, tendrán soluciones opuestas para enfrentarlo.

─¿en que estás pensando Crow? Davan estaba interesado en el aporte del estratega.

─en lo mismo que tú Davan, en separarlos.




domingo, 5 de agosto de 2018

La canción de la taberna...




Parabel tenía una costumbre compartida con muchos de sus hermanos de armas. En vísperas de la batalla no dormía. Se escabullía por un rato del campamento para ir a alguna aldea lejana a beber en la taberna tratando que su última noche le mojara un poco el alma seca. Nadie sabía si mañana llegaría a ver el sol volver a ponerse.
 Esa noche cabalgó raudo en busca de una taberna en especial, allí la hija del tabernero, una amiga ya de años, le regalaría su voz un rato.
 Era un descanso ser quién no cantaba, sólo la acompañaba con su laúd mientras ella soltaba al viento los más maravillosos tonos, hermanados a su arpegio.

─juglar, hace rato que no nos visitabas, ¿cómo va ese asunto en la frontera?...─dijo ella sin dar demasiadas señas, sabía que el guerrero mantenía un perfil bajo cuando se tomaba un respiro.

─Saludos Malukah, ni lo pregúntes...mañana será un día agotador...

─Cuidado juglar, demasiado trabajo puede matarte...

Parabel le devolvió una sonrisa mientras buscaba una mesa alejada de la puerta. Costumbres de soldado. La tabernera vió su morral y adivinó el contenido.

─ ¿Quieres tocar un rato para animar el ambiente?...

─Sólo si tengo compañía en la batalla.

Pronto Malukah despachó las mesas restantes y le hizo un gesto a su padre mientras se sacaba el delantal. Los presentes adivinaban lo que venía. Los más antiguos lo habían presenciado alguna vez y aunque trataban de no incomodar al visitante no había nadie con suficiente edad en la comarca que no conociera al juglar, el cantor guerrero.

Malukah lo buscó con la mirada y él dibujo una palabra con sus labios sin emitir sonido, una palabra  que ella conocía muy bien...Dovahkiin.

Ella asintió e hizo el anuncio de siempre cuando cantaba.

─Amigos, la noche es fría, los peligros abundantes, pero la hidromiel, generosa...pongámos algo más de fuego en esos corazones...

Todos vivaron a la dama y alzaron sus copas para abandonarlas luego y se arrellanaron en sus sillas.

─Desde tiempos antiguos el hombre ha tenido que luchar por un lugar en este mundo, por un pedazo de tierra...─comenzó ella ─no fue distinto en el pasado cuando no sólo el sur sufría la furia de los dragones, pero donde había una bestia atormentando a los pueblos, se levantaba también aquel destinado a hacerles frente...Dovahkiin era su nombre, el hombre que nace con la sangre y alma de la bestia en el cuerpo de un mortal...

Ese era el pie para la entrada del laúd que lanzaba sus primeras notas mientras ella tomaba aliento...


«Nuestro héroe, nuestro héroe, clama el corazón de un guerrero...»
  
«Te lo dije, te lo dije, el Sangre de dragón ya viene...»

«Con una voz que empuña el poder del antiguo arte del norte...»

«Cree, Cree, el Sangre de Dragón ya viene...»

«Es el fin para el mal, de todos los enemigos de Skyrim...»

«Ten cuidado, ten cuidado, el Sangre de dragón ya viene...»

«Porque la oscuridad ha acabado, y la leyenda aún crece...»

«Lo sabrás, Lo sabrás, el Sangre de dragón ya viene...»


Aquí el juglar ejecutaba un puente melodioso mientras ella soltaba la voz en hermosos arabescos.
 Luego la canción clamaba con autoridad mientras ella no perdía la dulzura en el canto...

«Sangre de Dragón, Sangre de Dragón presto juramento en su honor
para que el mal de nosotros se aleje...
Al oír el grito de triunfo, el enemigo mas fiero tiembla de pavor
Sangre de Dragón, Sangre de Dragón, tu bendición siempre nos protege...»

Allí acababa la canción, con la última nota del laúd resonando en el silencio. Ella siempre agradecía la atención, aunque todos sintieran que debían ser ellos los agradecidos. Los presentes con ojos humedecidos permanecían en silencio recordando a sus muertos. No había nadie que no hubiera perdido a alguien desde que las bestias llegaron. El reino se había olvidado de ellos cuando la hermandad se levantó.Y no dejó de luchar, aunque los números no la favorecieran...se  contaban historias de poderes más allá de los hombres sosteniéndolos en el campo de batalla. Y todos rogaban que esas historias fueran ciertas.
Parabel apuró el último trago y se acercó a la barra. Malukah lo abrazó y le hizo la pregunta de siempre, casi hecha como amuleto...
─¿volveremos a verte por aquí?
─nunca me he ido, mi música ha quedado presa en esa voz que tienes ─contestó galante.
─siempre haces lo mismo para no pagarme ─contestó risueña y se dieron un último abrazo antes de que el juglar partiera de regreso al campamento. Ella se quedó en la puerta mirando como al jinete se lo devoraba la noche. Siempre sentía que quizás fuera la última canción así que alejó todo lo que pudo los miedos y le  deseó lo mejor que podía desearle en tales circunstancias, que sobreviviera al día...















viernes, 3 de agosto de 2018

Raluk "llama negra", el perfume más temido




Hubo un tiempo en que fue necesario un edicto real prohibiendo un perfume en el reino. Todo funcionario real o persona de renombre quitó una flor de su jardín, nadie sabía como era ella, sólo conocían su perfume, y si sentías el aroma de jazmines, ya era tarde...
Sólo una niña huérfana como ella, criada en los callejones más oscuros y viviendo de limosnas podía valorar la hogaza de pan que todos los días le dejaba el perfumero. Como todo niño que crece en las calles no confiaba en nadie pero si había aprendido a esperar ese pan que el anciano dejaba bajo una planta de jazmín cuando cerraba su puesto en el mercado del pueblo. Ese pan que se llevaba a lo alto de una buhardilla para cenar siempre tendría aroma a recién hecho y el olor de una flor blanca.
La tarde que no encontró el pan corrió al mercado. Algo debía haber pasado. Y así fue como encontró al anciano en un callejón, siendo golpeado por tres maleantes.

─tienen algo de pan?...─dijo con mirada inocente.

─vete niña, no ves que estamos ocupados?

─es que tengo mucha hambre ─contestó.

─dale el pan que tiene el viejo, debo terminar con esto e ir a la taberna. ─dijo el que parecía estar a cargo.

Cuando el hombre se acercó a ella su mirada inocente y el gesto perdido pudieron conmoverlo, pero en realidad despertaron otros instintos.

─no deberías andar sola por la noche, eres una linda niña...─dijo sonriéndole

─y tu eres un hombre muerto ─dijo y le clavó su pequeño y afilado cuchillo en la garganta.

Ella desapareció en las sombras mientras el hombre tambaleaba...

─que te pasa? ayúdame a terminar ─le ordenó el líder, pero no hubo respuesta. Cuando se volteó vio a su compañero con la camisa roja de sangre caer de bruces, inerte.

Los dos que quedaban sacaron sus dagas pero no había rastro de la niña. El anciano seguía en el suelo retorciéndose del dolor. Fue el único que vio la sombra pasar por detrás de ellos, y esa sombra cortó por detrás de la rodilla de uno que cayó dando alaridos. El otro se giró y solo habia sombras rodeándolo. Intentó levantar al otro pero solo gritaba y se tomaba la pierna. La sombra volvió a tomar forma fugazmente y cortó la muñeca del que quedaba en pie. Su daga cayó al piso al perder fuerza en la mano. La siguiente pasada dio cuenta del caído, ya no gritaría. Desde las sombras se empezó a escuchar una voz infantil y dulce hablándole...

─eres un hombre malo...

─y a los hombres malos les pasan las cosas que ellos hacen...

─ven por mi perra ─contestó cansado de los juegos.

─no me digas así ─contestaron a su espalda y se giró lanzando un golpe, la niña apenas se agachó, era un golpe para un mayor y fue fácil evadirlo. El cuchillo se clavó profundo en el ojo de la cara de un hombre sorprendido, y muerto.

Una mano pequeña se le tendió al anciano que tardó un rato en incorporarse. Ella lo ayudó a llegar a su casa donde se recostó en la cama, su mujer le agradeció a la niña que nada contó del episodio más que el hecho de que lo había encontrado en el callejón. Cuando se fué a prepararle sopa el anciano se incorporó y tomó un papel y pluma...

─sabes leer? ─preguntó, la niña negó con la cabeza.

─Lleva este papel mañana al primer piso de la taberna, sólo díles que te manda el perfumero, ellos darán buen uso de...bueno, de tus habilidades.

Desde ese día, aunque todavía no lo supiera, fue admitida en el gremio de asesinos de la Orden Negra. Donde le sumaría entrenamiento a sus habilidades, tendría comida caliente y una cama distinta al suelo de una buhardilla por primera vez. Llegó a ser la segunda a cargo y la amante de su histórico líder y sucesor del perfumero. Vivió, amó y mató con la misma intensidad. Y conoció un dolor nuevo cuando emboscaron a su gran amor, en una trampa que le tendió el comandante de la guardia real, quién muchas veces se había servido de sus servicios, simplemente porque la orden había tomado demasiada fama y hacía lucir mal su trabajo. Los persiguieron y mataron uno a uno gracias a un delator dentro de la misma orden. Ella juró venganza, y no se defraudó. Fueron años de terror para el reino. No dejó casi a ninguno de los responsables con vida, y un día, como un perfume distante se desvaneció en el aire. Hoy algunas personas han vuelto a usar el aroma de jazmín y las flores volvieron a destilar su aroma en los jardines. Pero en el palacio de Lurtz sigue estando prohibido, algunos todavía no la olvidan y a veces sueñan con su aroma...



jueves, 2 de agosto de 2018

La mujer de la túnica roja




 La tarde caía sobre el valle que ese otoño vistió como nunca de tonos rojizos, y quizás impregnada de ellos fue que llego ella. Antes de que se pierda el día.
 Llegó a caballo. Su túnica roja era visible a leguas de distancia, pero ella no venía ocultándose.    Parecía orgullosa de portar el color del fuego fundido junto a una larga cabellera rojiza. Se acercó a la guardia de la hermandad. El puesto distaba algunas yardas de la cueva que siempre se mantenía oculta a simple vista.

 ─Es cierto?...está aquí? ─preguntó sin siquiera presentarse.

─Quién éres? ─preguntó sin muchos rodeos Oscar mientras mantenía su mano en la empuñadura de la espada. Vallekano se mantenía a distancia con el arco montado a la espera de alguna señal de peligro.

─mi nombre no es importante, es cierto que el elegido está aquí?...solo quiero verlo.

Se la notaba decidida, pero los hermanos ignoraban a quién se refería. Oscar le hizo un gesto a su compañero y este subió a buscar consejo. No parecía ser una situación de amenaza sino más bien una petición, extraña pero petición en sí.

Vallekano le informó a Crow, que habló con Leo y fueron juntos a buscar a Hiperión. El único que podría ser llamado de esa manera era uno de sus hombres, y más que elegido lo veían como un aprendiz de sacerdote.
Carlos llegó con gesto sorprendido, y hasta quizás preocupado, sólo le repetía a Hiperión que no dejaría que lo lleven.

─Sólo es uno el que te busca, una más bien...─contestó Hiperión.

Baraqz que había visto el revuelo pronto se dirigió hacia el puesto de guardia sin siquiera esperar a nadie. Si alguien había encontrado a su hermano, también lo había encontrado a él.

Carlos, de mala gana fue acompañado a recibir a la visita, no hubo posibilidad de que la reunión se hiciera en el campamento, ese era el secreto que más importaba preservar. Además necesitaban ganar tiempo mientras la hermandad se esparcía por los miradores buscando tropas enemigas, un emisario no suele venir sólo.

─Silvia?...que háces aquí?... Baraqz se acercó a ella y todos se quedaron sorprendidos. Carlos empezaba a bajar la cuesta escoltado por Hiperión y Leo cuando ya la incógnita pasaba a segundo plano. Alguien los había seguido desde las lejanas tierras de Ognia. Y al parecer había venido sola.

─Lo encontraste...y no volviste...cómo pudiste?... Los ojos de Silvia se llenaron de lágrimas. Baraqz endureció el gesto, pero no respondió, no le correspondía, su misión no había terminado así que no había nada que explicar.

─es mejor que hables con él, luego podrás hacerme todos los reclamos que desees...─contestó secamente.

Carlos se quedó sin palabras, no solo había abandonado su fe cuando se marchó de Ognia, había dejado atrás el amor de una mujer. 

─que estás haciendo aquí Silvia?...

─Es todo lo que se les puede ocurrir preguntar a los hombres por aquí? ─respondió irónica. ─llevo años buscando el rastro de un muchachito escapado de un viejo templo donde unas personas casi abandonan su fe por él.

─Sábes que no estaba hecho para esa vida, mi padre nunca quiso escucharme...─se defendió.

─Sólo se que un anciano murió de pena una tarde, sentado en la puerta del templo, arrepentido de perder al que siempre creyó su sucesor. 

Aunque intuía el desenlace, la revelación de Silvia lo golpeó muy dentro. Carlos intentó responder pero la imagen lo sobrepasó por un momento.

─puedo entender que quisieras buscar tu vida fuera de esas paredes, pero nunca me preguntaste, yo te hubiera acompañado...

─Arrastrarte a esto?...a una vida errante? vivir sólo por el día sin demasiados planes, esperando dejar la vida en la siguiente curva del camino asaltado por algún bandolero, o peor? 

─así que decidiste viajar ligero, no necesitabas lastre no?...pues no te encontré pudriéndote en el camino Carlos, te encontré aquí, con una hermandad de fantasmas...

Vallekano codeó a Oscar y le susurró...─es un buen nombre, deberíamos decirle a Leo... ─calla idiota, que no eramos la cofradía del dragón?

─Entré como novicia al templo por tí, me ordené por tí. Si no podía tenerte, al menos viviría sirviendo a la llama junto a tí como consuelo, pero tú...solo podías pensar en tí...

─Si estás aquí y no traes contigo a la guardia de Ognia quiere decir que siempre supiste que volveríamos a encontrarnos Silvia...

─tonterías, estoy aquí porque la mejor pista que encontré fue un campamento quemado con grasa de cerdo, aceite y sal. Sentí ese olor a muchas leguas...es el olor del altar los plenilunios...usaste el unguento sagrado para asar soldados? supongo que contaron como ofrenda.  

Baraqz se adelantó a todos y tomó a su hermano por la espalda con su daga firmemente apoyada en el cuello...todos desenvainaron pero Leo les hizo un gesto de que esperen. Si había decidido traicionarlos ya era tarde para intentar salvarlo...

─Ahora tienes ante tí la misma decisión que tuve yo...lo que decidas, lo haré, ya tengo quién me sirva de testigo y recupere mi nombre del fuego?...que díces Silvia...quieres su cabeza?...

Silvia se tomó un momento para contestar. Y eso alarmó a Carlos, realmente le estaba costando decidir. 

─tu nombre está a salvo si es lo que te importa ─contestó con un dejo de desprecio. Baraqz la miró confundido.

─no lo estará si no lo llevo a él de nuevo. 

─No tienes a quién presentarlo. Ya no hay sumo sacerdote.

─estás loca mujer! ─contestó con ira.

─quizás, pero ya no queda nada de lo que conociste por fe. Y eso fue gracias a tí.  

─aún vistes el rojo ceremonial Silvia, no pretendas engañarme.

─hubo que cambiarlo todo. Nadie se ofreció para suplantar a Carlos, nadie tenía visiones ni sueños, el único hermano fanático por las tradiciones erás tú y corriste trás de él...lo único que sabíamos era que  queríamos servir a la llama, así que...no más elegido, no más sacerdote supremo, ahora la llama está en cada casa de Ognia y cada cuál se encarga de sostener los ritos, ahora todos somos Baraqz...todos estamos buscando la guía por nuestra cuenta...

La cara de los hermanos del fuego estaba pálida, uno ya no tenía por qué escapar ni el otro por qué vivir, y toda su vida se había puesto de cabeza en una tarde de otoño cuando la dama de rojo hizo su aparición...
Baraqz soltó la daga y cayó de rodillas con la mirada perdida, Oscar se adelantó unos pasos para apresarlo pero Crow negó con la cabeza e hizo el gesto de que se aleje. La hermandad empezó a retroceder y reunirse. Eran convidados de piedra en el asunto. Carlos se sentó junto a su hermano tomándose la garganta. Silvia desmontó y llevó su caballo de las riendas...

─alguien puede decirme quién es el lider aquí?

─quién pregunta? ─contestó por costumbre Vallekano. Silvia hizo un gesto de fastidio. Leo le hizo un gesto de que se acerque y ella se dirigió hacia él. 

─por si quedan dudas me llamo Silvia y si hay lugar aquí pretendo quedarme, por lo que vi van a necesitar todas las espadas posibles...─dijo haciéndo una pausa...─debo aclarar que no vine sola...

Leo y los demás se pararon en seco y miraron a su alrededor, más de un hermano llevó la mano a la espada...

─calma señores, no es lo que piensan...─dijo y se llevó los dedos a la boca lanzando un silbido agudo y penetrante. De la espesura salió un guerrero, moreno por el sol y fornido...todos volvieron a mirarla pero ella se encongió de hombros...─el quiso venir.

El guerrero se acercó a ellos. Dos espadas curvas le cruzaban la espalda y la pechera de cuero endurecido llevaba el símbolo inconfundible de la tribu Visokaya, un sol negro. Hizo una reverencia y se dirigió ceremoniosamente.

─Mi nombre es Chaban, soy embajador de mi pueblo y traigo el saludo de las naciones del techo del mundo. Mi pueblo dice que lo que pasa en el llano no tarda en llegar a las alturas y quiere mostrar su apoyo. La guerra viene hacia aquí, y si continúa su camino pronto todos seremos esclavos...por eso vine. ─concluyó el hombretón y volvió a hacer una reverencia. Se notaba que el parlamento era ensayado y estaba un poco fuera de contexto ya que estaban en cercanías de la montaña todavía...

─Mi amigo, creo que piensas que somos el ejército del sur...esos están para allá ─dijo Leo, señalando hacia el valle donde el castillo continuaba fortificándose con sus puertas cerradas a cal y canto...─nosotros somos simplemente los que no dimos la talla. ─remarcó Leo y todos sonrieron.

─vengo escuchando historias del ejército fantasma desde que me embarqué en este viaje...─dijo sorprendido Chaban.

Vallekano volvió a codear a Oscar...─te lo dije.

Leo abrió los brazos y se giró hacia los hermanos que hicieron un gesto con la cabeza.

─mucho gusto ─agregó Leo...y bienvenidos, nos sobran historias pero siempre faltan espadas, lamento si no podemos ofrecer muchas comodidades ─dijo mirando a Silvia, que para sorpresa de todos levantó su túnica y la echó detrás de los hombros. Debajo asomó una pechera de cuero y un sable corto con empuñadura de plata, la túnica era ahora una capa roja que le caía por la espalda...

─No te preocupes, ya llevo un tiempo en esto ─contestó Silvia y le guiñó el ojo a Leo.

La tarde ya había muerto cuando todos entraron al campamento para tomar refugio. En las montañas se empezó a escuchar un laúd sonar, era una melodía dulce con algo de melancolía. Contaban historias de el, decían que era un alma en pena que le tocaba a un lejano amor, a un hogar perdido, o que añoraba los años de paz. Quizás no fueran del todo cuentos, aunque la verdad era distinta. A la hermandad siempre le faltarían muchas cosas pero lo que le sobraría serían historias.



















Kurz "afortunado", el guerrero florido



Dicen que no han conocido hombre con mejor fortuna que él, dicen que los dioses lo han bendecido  para que su pie nunca tropiece, dicen mucho los que no saben...
 En las dependencias de palacio hubo un niño al que todos amaban. Era de bello parecer y extraordinaria simpatía. Hasta el señor del castillo había posado su mirada benevolente sobre él y lo educó para que fuera parte de la corte. Su madre era dama de compañía de la condesa. Tan confidente era con su señora que esta le ayudó a esconder el embarazo y dar a luz al pequeño, en parte, por temor al escándalo y para no perder a su confidente de tantos años. Todo el asunto del embarazo y el detalle de que fuera de algún noble como se rumoreaba hizo que la señora eligiera una familia a quién atribuirle el vástago. La costurera real fue la elegida, quién nunca había podido tener hijos y aceptó encantada junto a su esposo. Ese niño amado por la pareja creció, entre el cariño de la pareja y los regalos de una señora amable que decía ser su madrina. Kurz no se imaginaba otra vida que la de vagar por los amplios salones malcriado por la servidumbre hasta que al caer la tarde partía triste, con su madre hacia su casa en el pueblo. Un día el muchacho escuchó una amarga discusión. Su madre y su madrina altercaban sobre el destino del muchacho. Comprendió rápidamente que su vida había sido un engaño. Su madrina quería tenerlo más cerca, viviendo en las dependencias de palacio, a lo que su madre le respondía que si se lo llevaba le contaría toda la verdad. Su posición e influencia con la condesa torció las cosas a favor de su madrina y sus padres un día dejaron de ser bienvenidos en palacio. Kurz, acostumbrado a los deleites de la realeza ahora se vio en la obligación de elegir, y cegado por la placentera vida escogió mudarse a palacio. Siempre respetó que su madre de crianza hubiera callado y no le contara eso que él ya sabía. Y su madrina no hizo preguntas creyendo que él lo sabía todo por ella.
 Un día vinieron a buscarle sus antiguos vecinos del pueblo para darle malas noticias de su madre. Corrió tras ellos con la certeza de que había cometido un error dejándoles de lado. Lo hubiera dado todo por cambiar su decisión en ese momento pero era tarde. Su madre había intentado ahorcarse y había fallado. Sólo había conseguido lastimar su cuello y ahora se hallaba postrada e inmovilizada para desesperación de su padre. La depresión de su esposa llevaba años y él finalmente se había entregado a la bebida. Y si tenía algún cariño por el muchacho, su padre ya lo había cambiado por un amargo resentimiento. Sólo esa vez la dejó verla y por breves instantes se pùdo acercar al lecho. La palabra "perdón" nuca salió tantas veces de una boca en el reino como ese día, pero no alcanzaba.
Se preguntó cuál es en la vida la verdadera suerte, si cuando tienes todo a tu alcance pierdes aquello que le daba sentido. El día que le llevó una rosa blanca del palacio se enteró que había fallecido, ese día estaba dispuesto a pasar sobre su padre como fuera para verla. Pero se había ido, a un lugar donde con toda su suerte no podía alcanzarla. Su padre, borracho, se rió de él...

—Ya no está, se ha marchado, se marchitó como lo hará esa flor que tienes en la mano idiota...

—nunca —contestó Kurz y se marchó.

 Esa noche bebió suficiente vino y tomó su daga ornamentada, se dibujó sobre la piel esa rosa, en el medio de su pecho. Temiendo que sanaran las heridas y se perdiera la flor cortó profundo, casi muriendo por ello. Hoy la rosa sigue ahí como muchos aseguran, la oculta bajo sus ropas y bajo una coraza que le dio su temprano mote. El guerrero florido. El que lleva una rosa pintada en la coraza. No hay noche en que no recuerde a su madre, sobre todo porque nunca volvió a palacio y salió a errar por el mundo viviendo de la espada. Y se dice que en alguna taberna, cuando gana juego tras juego de cartas se arremanga la camisa para mostrar que no hay truco, que no tiene cartas ocultas, que lo suyo es suerte, claro que sí, pero la peor suerte de todas...

miércoles, 1 de agosto de 2018

Carlos "incendiario", el elegido del fuego




Existe la historia del elegido de un pueblo que renunció a su llamado.
Tras las montañas que separan el sur de los valles de Sereniya se encuentran los dominios de Ognia. Las tierras salvajes de los adoradores del fuego. Tribus venidas del otro lado del mar oscuro que escapaban de la guerra y se encontraron con las ruinas monumentales de un imperio extinto. Tomaron posesión de sus templos y edificios principales y a través de los grabados tallados en sus muros rescataron la antigua tradición de honrar al fuego. Se dice que llegó a uno de sus líderes a través de sueños y visiones la capacidad de descifrar la antigua lengua de los moradores primigenios. También se dice que en cada generación, un miembro de ese pueblo recibiría nuevamente los secretos de la llama a través de visiones.
 Obviamente con el tiempo el llamado dejó de estar librado al capricho de unos sueños difíciles de interpretar y se convirtió en un linaje para el que los descendientes se preparaban toda la vida. Ésta tarea se indicaba siempre para el menor de los hijos ya que los mayores se dedicaban a la caza y la guerra, y aunque era el principal honor y el más alto cargo al que podía aspirar un descendiente de la casa sacerdotal hubo una generación que pereció sin heredero.
 Carlos no ambicionaba puestos de rango en los oficios ceremoniales, el sólo gustaba de vivir al aire libre y dormir bajo las estrellas. Fabricaba sus propias armas de caza ya que formalmente seguía siendo aspirante a sacerdote y no se le permitía usarlas. Su famoso arco "Tizón" era casi una leyenda y podía bajar la fruta más alta del árbol más antiguo en el huerto del templo. Siempre estaba rodeado de los muchachos de su edad y sólo anhelaba que pronto le naciera un hermano que le librara de responsabilidades del culto.
 Un día ese hermano llegó, pero duró poco entre los vivos y partió hacia la llama antes de destetar. Su madre ya era de edad madura y luego de haberlo parido quedó postrada, presa de las sangres de la fuente. Nunca se recuperó. Carlos entendió que sería el último de su casa y que su destino sería aquel que siempre había rehusado, sería sacerdote. O no.
 Urdió su salida con un ingenioso plan en el que fingiría un accidente que lo imposibilitara de ser elegido, pero fue delatado por uno de sus hermanos. Fue azotado por su propio padre que quemó en el altar su famoso arco. Nunca se lo perdonaría.
 Con el tiempo y llegando a la edad en que debía tomar el oficio escapó una noche dejando escrito en el muro del templo que renunciaba a su destino y que mejores hombres que él podían ocupar su lugar. Sólo se llevó un trozo de pedernal del altar para que el fuego no lo olvidara, ni él olvidar al fuego.
 Su padre casi fallece del disgusto. Uno de sus hermanos se ofreció para ir en su búsqueda con la promesa de no descansar hasta traerlo de vuelta a él o a su cabeza. Esto finalmente fue aceptado en las visiones del padre  aunque ese sueño fue bastante confuso, soñó que su hijo rebelde moraba en la barriga de un dragón junto a otros renegados y que nacían de la bestia en una bocanada de fuego. Su padre entendió que él era realmente el elegido ya que podía controlar a ese monstruo.
Su hermano que abandonó su nombre en el fuego como promesa y ahora se llamaba Baraqz "el que tiene por misión"...partió en su búsqueda esperando encontrar pronto al muchacho, pero tanto de él como del elegido nada más volvió a saberse, la leyenda dice que un dragón lo devoró y emergió convertido en uno para asolar a los hombres que olvidaron el pacto del fuego y que su misión era tan alta que no había templo que lo contuviese. Dicen que su padre aún anciano esperaba sentado en la puerta del templo todas las tardes con la mirada perdida, pero con ojos de esperanza, esperando su regreso, el regreso del dragón...