sábado, 17 de noviembre de 2018

Las virtudes del miedo, parte dos





─Davan te agradecemos que nos hayas elegido para morir aquí ─dijo Carlos con sobrada ironía.

─Puedes morir en tu cama cualquier noche muchacho. Te traje aquí para otra cosa...

El puñado había vuelto a los pozos a esconderse. Davan buscaba entre la bruma a los voyanas pero apenas se podía distinguir algo a unos palmos, luego todo era niebla. Los oídos de todos se aguzaron naturalmente buscando indicios de peligro. Carlos cargaba un par de bolsas de cuero con sus juguetes que incendiaban. Davan los revisaba buscando algo en especial. El elegido del fuego miraba con curiosidad pero no se entrometía. Era sabido que el anciano misterioso tenía poca paciencia. Un sonido de pisadas suaves se oyó cerca de ellos y todos prepararon sus espadas. Un búho ululó tímidamente. Era un hermano que llegaba, un gorrión le contestó y le dio la bienvenida. Barbeta llegaba cargando una pesada bolsa con quién sabe que cosas para su maestro.

─¿Recuerdan lo que hicimos la batalla anterior? ¿cuando confundimos a sus caballos?

Todos asintieron, recordaban lo elaborado del plan y lo definitorio que fueron las tropas del castillo llegando para salvar el día. Esta vez no se esperaban sorpresas. Del castillo habían enviado a Kurz y a Jose más un par de escuderos. No habría mucho más que ese puñado de espadas.

─Tenemos que matar a sus caballos esta vez. No podemos dejar que se retiren. Debo preparar veneno. Un veneno que también nos matará a nosotros a menos que estemos a suficiente altura. Pelearemos desde los árboles pero si tenemos que bajar a pelear no habrá demasiada posibilidad. ─detallaba Davan mientras los hermanos se miraban entre ellos. Sabían que esta era una misión suicida pero no a tal extremo. Preferían caer por el acero enemigo que respirar los venenos del anciano misterioso. Sin embargo nadie dijo nada. Carlos se guardó sus quejas por un rato.

─Estás loco ─exclamó Javensen pintando el sentimiento de todos. ─debemos durar el suficiente tiempo como para romper el cerco en el camino alto ─dijo parándose frente al anciano misterioso ─prepara tus polvos y pon todo en sacos. Yo me ocuparé de hacerlos arder en el momento indicado. Al menos no matarás a todos con esto.

A Davan no le gustaba que lo desafíen. Su mirada se volvió fría y penetrante. Las miradas se cruzaron y por un momento el enfrentamiento era similar a los que ambos protagonizaron alguna vez en las mazmorras. Davan no veía que el plan del iscario fuera mejor que el de él. La intervención de Barbeta fue la que calmó los ánimos y trajo una alternativa.

─Maestro, sabemos que ese veneno no arderá por sí solo, que debemos encenderlo con calor directo cuando tengamos al enemigo muy cerca, entonces pensé que quizás el escudo de cenizas pueda servirnos, es una vieja receta de magia verde... tengo algo de eso conmigo...quizás pueda ayudarnos. Sabía que al pedirme traer polvo de mandrágora tendríamos que lidiar con un poderoso veneno así que me tomé el atrevimiento de prepararlo ─dijo con algo de temor y reverencia.

─No he visto ese preparado más que una vez en mi vida...y ciertamente nunca aprendí a hacerlo Barbeta. Si tú lo has conseguido tenemos una chance ─dijo sin demostrar entusiasmo. Nunca mostraba demasiada aprobación por su discípulo pero por algo le había conseguido acceso a la biblioteca del templo del ocaso. Debía conseguir sacar rédito al erudito que había rescatado hace años de las mazmorras de Margón.

Pronto el aprendiz estaba embadurnando sus rostros con una pasta gris que olía a diantres. Tanto que Carlos tuvo que vomitar, provocando las risas de Silvia y Baraqz. Javensen tuvo un pequeño recuerdo de cuando permaneció tres días en una carreta de muertos para escapar de una de las tantas mazmorras que intentaron retenerlo. Recordaba lo que pensó ese día, que jamás tendría que volver a hacer algo tan asqueroso y sin embargo, aunque pasó incontables horas entre los gusanos de la carne, tuvo que hacer cosas peores aún. Cómo despellejar a un amigo para ponerse su piel y engañar a sus captores en otra ocasión. Lamentó mucho perder a su amigo por las fiebres, y más lamentó tener que hacerle eso a su cadáver. Para cuando acabó de recordar ya su cuerpo estaba cubierto con la pasta grisácea. No le pareció tan malo.

─Barbeta...creo que tenemos algo...¿ Recuerdas la historia de los fuegos? ¿los espectros de los llanos? ─preguntó Davan que miraba como habían quedado todos, embadurnados de gris.

─Maestro, esperaba que usted lo viera también. Tengo tizones. Con un poco de carbón podemos hacerlos parecer a...

─Ravninis...espíritus del llano...

Davan pronto le encontró la lógica. Los voyanas no temían a los hombres. Pero los espíritus del llano eran otra cosa. Deidades antiguas que ellos supieron venerar. El culto de la llama muerta. El fuego frío que vaga por los antiguos campos de batalla, a ellos siempre les tendrían un respeto distinto. Siempre temerían lo que el acero no puede matar, pero la clave era el fuego frío. Las llamas muertas mantienen encendidos a los espiritus, condenados a arder sin consumirse...Davan alzó su vista y miró a Javensen. Tenían algo parecido. Fue como un destello, como el paso de una sombra, una mínima esperanza agazapada esperando entre tanta certeza de muerte. Quizás tuvieran ese guiño de los dioses, quizás  habían encontrado por fin, el miedo de su enemigo.

Davan escribió runas de fuerza en el pecho del iscario. Protección contra las mismas llamas del piromante. Debía mantener sus habilidades por más tiempo que nunca,  aún a riesgo de perder la vida. Pero el iscario no temía. Siempre había querido dominar por completo su arte, y ahora, a causa de la necesidad, el anciano misterioso le otorgaba el don completo al inscribir sobre su piel las runas que no había podido conocer. Tenía por fín los tres círculos del fuego en su piel. Ahora podía vengarse.

Todos abandonaron sus posiciones y fueron tras su enemigo. El iscario no ardería hasta que estuvieran a la vista. Quizás no engañaran a todos pero si a los más incautos. Solo una persona tenía sus reservas con el plan. Silvia se sentía incómoda. Los ravninys eran hijos del padre de la llama. Los que habían trascendido a la carne para ser guardianes de la tierra. Y ahora ellos los imitarían como viles impostores. Baraqz notó sus dudas y se acercó a ella para intentar disiparlas.

─Matemos a los voyanas y después yo mismo te ayudaré a hacer un altar donde quemar nuestra transgresión, te lo prometo.

Silvia asintió sin decir palabra. Todo hubiera sido distinto si el sumo sacerdote lo hubiera elegido a él como sucesor. Pero el anciano esperaba por Carlos y no tuvo ojos para otro. Quizás algún día Baraqz regresara y restaurara la llama en el altar del templo. Era el único con suficiente devoción para hacerlo.

La bruma era intensa ese día en el bosque. Ahora la necesitaban. Debían volverse espíritus vengativos que se ocultaran de la vista de los voyanas hasta que fuera el momento. Los pozos que habían cavado para defenderse serían parte de la maniobra. Y las palabras que les había enseñado Barbeta completarían la farsa. Hoy serían los fantasmas más que nunca, aunque ofendieran a un par de dioses en el proceso pero por algo eran bien conocidos, siempre habían sido imperdonables.  

─Los primeros son siempre los ansiosos por entrar en batalla, esos lideran las avanzadas. Muéstrense un poco pero luego desaparezcan...ocúltense tras un árbol, arrástrense a un pozo, lo que sea pero desaparezcan...

Todos asintieron. Dilatar la lucha cuerpo a cuerpo no sonaba mal, dados los números, que siempre eran desfavorables. Davan parecía conocer muy bien la manera de pensar de su enemigo. Algunos de ellos dijeron tener cuentas pendientes con él. Todos intuían que había algo más detrás de estas misiones a las que el anciano misterioso siempre se ofrecía. Pero nunca había en él ánimos de echar luz sobre sus asuntos. Con él había dos cosas por hacer, sobrevivir y adivinar lo próximo.

─¿Por qué no trajimos a las asesinas con nosotros? Raluk, Wonder hasta el mismo Espinal podían ser todo lo invisibles que Davan pretende ─siguió quejándose Carlos pero la mirada de Baraqz le contestó sin decirle nada. Necesitaban a los más aptos para enfrentar a las dos compañías del sendero alto. Aquí necesitaban a un par de incautos que llevaran veneno con ellos. Veneno que debía arder, gente que supiera encenderlo. Todos los caminos terminaban en Carlos y sus habilidades.

Pronto se escucharon cascos de caballos aunque de manera extraña. Sonaban pesados y con un ruido ahogado. Davan acabó con las incógnitas.

─Les ponen paños en las patas. Es para que el ruido no los delate, viene una avanzada...

Carlos preparó un polvo extraño y lo roció sobre las cabezas de todos. Les dijo a todos que llevaran su cantimplora para mojarse el cabello cuando fuera el momento. Todos ocultaron sus rostros y se calaron las capuchas. Ahora si eran los perfectos fantasmas.

─Parecerá que arden...sólo será un poco de humo. Sólo descubran la cabeza y mojen sus cabellos. En cuanto se vuelvan a poner las capuchas el efecto terminará y podrán esconderse. ─explicó Carlos que seguía sin entender como era posible que lo descartaran en cada misión suicida. Solo un idiota no entiende que lo que él sabía podía sacarlos de más de un apuro.

Los caballos bufaban cerca. Habían esparcido el veneno directo en el suelo tratando de no respirarlo. A ninguno le causó demasiado daño. Algún que otro dolor de cabeza pero nada serio. Carlos esparció su polvo violáceo también, ese que ardía furiosamente. La trampa estaba lista.

─Ahora a rondar a los voyanas. ─susurró Davan y los despidió con un gesto de su mano.

Pronto el bosque se llenó de susurros, palabras que los hermanos no entendían empezaron a sonar en las sombras. Entre la bruma. Y ellos también empezaron a susurrar cual coro sombrío. Desde los árboles, en el suelo, alrededor

La primer avanzada moderó el avance. El destacado hizo señas de parar al resto. Parecía un jinete desconfiado ya que desmontó y sacó su espada. Veía la pesada bruma frente a él, pero también sentía un fuerte olor. Cuando su caballo se inquietó decidió seguir a pie. Carlos miró a Davan que había dicho lo osados que eran en sus avanzadas los voyanas.

─Parece que no son tan predecibles ─dijo el elegido del fuego haciendo gala de su ironía. Davan le sonrió y casi lo confunde. El voyana hincó la rodilla y examinó el terreno. Pasó su mano por la hierba y se la llevó a la nariz. Cayó pesadamente sobre su rostro y ya no se movió.

El resto de la partida lo vio caer pero no percibió como había sido atacado. Quizás una flecha. Un dardo envenenado. No veían nada inusual en el terreno. Quizás algún aroma extraño pero poco más. Todos desenvainaron y cometieron el segundo error. Separarse para investigar. Divididos en parejas se volvían predecibles. Uno seguía al otro a prudente distancia, pero la niebla no permitía divisar demasiado. El que abría la marcha llevaba espada y el que la cerraba arco. Los hermanos fueron por los de la retaguardia. Un corte certero que entrara bajo la axila o en el plano del muslo. Donde la sangre fluye como torrente. Heridas de tres pasos, porque es lo que tardaban en caer. Apenas un quejido de guerreros que sabían soportar el dolor sabiéndose ya muertos. Cuerpos desplomándose, cayendo pesadamente desde sus monturas. El que abría la marcha que se volteaba percibiendo problemas con su compañero y el ataque que se alzaba desde el frente para atacar el cuello descubierto. La sangre que manaba generosa cerrándo el círculo con el cual despedían guerreros. Listos para que los reciban sus dioses.

Se reunieron alrededor de los muertos. Barbeta dio algunas indicaciones y los cuerpos fueron fueron dispuestos de rodillas ante unos simbolos que pintó en un viejo roble. Runas pintadas con la misma sangre de los caídos. Un cráneo que trajo se dispuso sobre un montículo de piedras. Carlos puso de sus polvos que hacían humo entre las piedras completando la puesta en escena. Resultaba atemorizante la bruma púrpura tiñendo la niebla lentamente. Realmente parecía un portal al inframundo. Todos volvieron a sus pozos a prudente distancia. Por momentos el altar se veía y por momentos desaparecía pero las voces se escucharon claramente cuando la segunda partida llegó. Hubo un grito ahogado, luego algunas conversaciones que se tornaron discusiones.

─Algunos son más religiosos que otros. ─Musitó Barbeta ─pero la duda ya está sembrada. Algunos quieren volver al campamento. Dicen que fue un error aliarse con el imperio. Ellos los llaman invasores porque fueron los primeros que llegaron a los llanos hace siglos.

─Pero siempre me han dicho que viraron al este, que despreciaron los llanos ─interrumpió Carlos.

─No todos, mi querido incendiario.  Al este viró el grueso de ellos pero una tribu se dirigió directo a los campos extensos. Una casa que renunció al consejo y poder de los líderes militares. Pero no vinieron en paz. Masacraron cuanta villa encontraron cuando aún no decidían que dirección tomar para asentarse.... La casa Valyuta siguió el consejo de los sacerdotes de la forja y bajó desde la montaña a los llanos.

─¿Los reyes de la moneda?

─Sus descendientes terminaron por reinar allí, pero ya no eran hijos de la forja. ─contestó Barbeta asintiendo. ─Eran mucho más.

Unos gritos en la bruma los sacaron de sus especulaciones. Y aunque casi ninguno entendía el dialecto que usaban si reconocieron una palabra que muchos repetían...ravninys...ravninys.

─Algunos se marcharan, y los que queden tendrán que reagruparse. Ese será nuestro momento para encender el veneno. ─dijo Davan convencido.

Se acercaron al altar en silencio contemplando la escena. El voyana que parecía ser el líder estaba realmente ofuscado y parecía insultar a los que pretendían marcharse. En un momento de ciega furia pateó el montículo de piedras con el cráneo y escupió las runas del árbol. Eso pareció terminar de convencer a los indecisos y fueron varios los que giraron sus monturas y se marcharon. Quedaban alrededor de treinta de ellos con su colérico líder.

─Le llaman arroyo de sangre. No temerá a los espíritus, sólo podemos confiar en su furia ─sentenció el anciano misterioso, que parecía conocer a todos los enemigos por su nombre. ─mostrémosle un enemigo y cargará contra el ahora que está furioso.

Javensen se puso en pie y tomó un saco de veneno. Miró su antebrazo y empezó a recitar las runas tatuadas en el mientras caminaba por la bruma. Los demás también se irguieron. Necesitaba tiempo para arder y debían dárselo como fuere. Davan desenvainó y se quitó su conocida capa con capucha desnudándo un torso casi tan tatuado como el del iscario. Reogió su pelo con una cinta de cuero y todos pudieron ver que no era tan viejo. La capa y cierta postura ocultaban su vigor. Su cuerpo estaba marcado por innumerables cicatrices pero estaba trabajado y firme como si los años no hubieran hecho mella en él. Notaron que solía moverse encorvado y que ahora, erguido, tenía una estatura importante.

─Dejen de mirarme y concéntrense. El enemigo está allá. ─dijo señalando con la espada y salió de su escondite.

Los demás se separaron. Carlos tensó su arco y buscó tiro mientras Baraqz sacaba su sable corvo al igual que Silvia que ya se había adelantado en busca de victimas. Los fantasmas del bosque iniciaban su faena sin saber como podrían lograr enfrentar a treinta jinetes. Sólo sabían que debían mantenerse en el lugar donde el veneno había sido esparcido. Pero hasta ahora el veneno no parecía haberles hecho daño suficiente. Debía ser respirado de alguna manera. Carlos tomó una de sus flechas incendiarias y esperó el momento. Los guerreros se reunían cerca del viejo roble. A simple vista la mayoría ya estaba dentro del círculo. Un caballo despreocupado se puso a comer algo de hierba mientras los voyanas discutían. El elegido del fuego esperó el desenlace un rato. La montura trastabilló primero y luego cayó desplomada. El guerrero quedó atrapado por ella y comenzó a pedir ayuda para liberar su pierna. Algunos desmontaron para socorrerlo. Carlos no encontró un momento mejor así que encendió su flecha con el pedernal y la lanzó al claro. Sintió la misma ansiedad de siempre ante la inminencia del fuego que se levantó como fogonazo apenas la flecha impactó en el suelo. El destello cegó momentaneamente al enemigo y varios caballos escaparon al instante ante el peligro y no les importó si tenían jinete encima. Fueron varios los que terminaron siendo lanzados por los aires o arrastrados en la loca huida de sus caballos. La confusión reinaba mientras la bruma se teñía de un tono verdoso. Los que lograron dominar a sus monturas percibieron el olor pero antes de intuir algo vieron aparecer de la bruma unas figuras espectrales. Más jinetes abandonaron la escena espantados. Finalmente quedaban alrededor de veinte oponentes pero las figuras entre la bruma volvieron a esconderse mientras los voyanas giraban la cabeza tratando de adivinar de donde vendría el ataque. El humo verdoso llegó al nivel de los caballos que se agitaron por un momento y sacudieron la cabeza. Luego empezaron a caer uno por uno. El líder alzó su mano para indicar que salieran de allí a todo galope pero algo lo detuvo. Frente a él una figura con el torso desnudo lo señaló con su espada.

─Tú, todo este tiempo tú maldito perro. ─gritó Arroyo de sangre con el rostro desencajado, pero antes de embestirlo sintió que perdía sustento y caía. Su caballo había sido victima del vapor verdoso y yacía inerte en el suelo mientras él luchaba por incorporarse. Las figuras de la bruma se acercaban a un voyana caído, daban su estocada y retrocedían. Pronto fueron diezmando a la mayoría. El líder les dio una orden y los que quedaban en pie cubrieron su rostro con sus máscaras de guerra. Era tarde para muchos pero aún quedaba el líder con su guardia personal. Los doblaban en número pero ya no eran decenas de ellos sino un puñado de guerreros esperando reunidos en círculo. Davan los tenía donde quería. Allí fue cuando apareció Javensen con su cuerpo encendido. Sus brazos abiertos dejaban escapar llamas azuladas mientras avanzaba iluminando el claro. Esa imagen fue demasiado para los fieles guardias de Arroyo de sangre, escaparon a pie si que nadie los persiguiera. El líder con la furia pintada en el rostro los insultaba pero fue incapaz de retenerlos. Empuñaba su espada apuntando a la aparición mientras maldecía por los dioses que conocía y por lo que habría de conocer. Todos lo habían abandonado. Quedó solo junto al roble entendiendo que había caido en una trampa. Javensen permaneció allí pero dejó caer el veneno al suelo. No iba a hacerle las cosas tan fáciles a Davan. Si tanto ansiaba luchar contra ellos era hora de demostrarlo. Empezó a leer las runas de su otro brazo y a apagarse lentamente mientras volvía a perderse entre la bruma.

─Arroyo de sangre...parece que hoy no fluyes ─dijo Davan al advertir que el iscario había decidido limitar su participación.

─Maldito perro embustero, podrás engañar a todos pero yo te conozco dedo negro, no eres más que un cuento de viejas, ven por mí si eres lo que dicen las historias...

Los dos avanzaron alzando sus espadas. El voyana atacó desde arriba bajando su espada en diagonal para hacerle un surco en el pecho pero el anciano misterioso no solo parecía menos viejo ahora sino que también demostró ser bastante ágil al robarle el cuerpo a ese ataque y pasar por el costado de Arroyo de sangre sin mover su espada en absoluto. Sin embargo el voyana no se volvió para contraatacar sino que cayó de bruces allí mismo, luego se volcó sobre su costado y murió. La mano de la espada se mantuvo alzada todo el tiempo pero nunca atacó. Fue su otra mano la que clavó la daga en el costado del voyana, haciendo camino entre sus costillas hasta atravesar su corazón en un solo movimiento. Davan se tomó su tiempo para envainar ambos aceros para luego mirar el cuerpo y lanzar un escupitajo.
 
─...¿cuentos de viejas?... 

El anciano misterioso le quitó el colgante a su oponente y lo guardó. Seguro se uniría al souvenir de Cara de guerra, luego volvió a ponerse su capa y se caló la capucha.

─Hermanos, vamos al camino alto y veamos que podemos hacer por el resto. Aquí ya está cumplida la tarea...






























jueves, 15 de noviembre de 2018

Las virtudes del miedo, parte uno



Hiperión se agachó un instante antes de que la flecha diera en su cabeza. Odiaba a los malditos arqueros, los arqueros imperiales eran sobradamente diestros, pero peor eran los voyanas, porque se movían por todo el bosque ya que iban a caballo. Atacaban desde la espesura con fiereza mientras las dos compañias imperiales presionaban desde el camino alto. En el fuego cruzado las flechas parecían no tener bando ya que los hermanos las oían silbar sobre sus cabezas. Pero todas apuntaban a la maltrecha hermandad que resistía en improvisadas zanjas que se cavaron a último momento. La situación podía volverse insostenible si debían luchar cara a cara en dos frentes. El castillo de Lurzt había enviado un puñado de hombres que parecían más una excusa que apoyo. El príncipe siempre podía decir que eran desertores si no enviaba suficiente cantidad de espadas.
Xamu se arrastró entre la maleza buscando el pozo donde Raluk y Wonder disparaban flechas a diestra y siniestra.

─¿Que tal culo tuerto? saludó Wonder mientras le daba una mirada risueña a su hermana oscura.

─Muy graciosa hermanita, les traje dos carcajs de flechas, la próxima pueden arrastrarse ustedes hacia mi pozo...

Xamu dejó el material ofuscado y se retiraba arrastrando cuando Raluk mostró una cara de sorpresa mirando su trasero, cosa que el hermano no esperaba.

─¿Qué pasa? ¿por qué me miras así? ─preguntó desesperado mientras se tocaba las nalgas.

─Nada, pensé que ya te habían dejado el culo ciego, pero fallaron...─contestó Raluk mientras Wonder rompía en sonoras carcajadas.

─Malditas, envenenaré su vino, ya verán...─contestó Xamu y se siguió arrastrando con algo de alivio.

La lluvia de flechas no cesaba pero la bruma del bosque escondía los bandos enfrentados. Las compañías imperiales habían fortificado una saliente frente al camino y desde allí descargaban sus arcos con meticulosidad y paciencia. Disparaban por sectores tratando de cubrir las posibles posiciones de la hermandad. Para ese momento la hermandad había dispuesto de sus escudos a manera de cubierta y los habían disimulado con ramas y hojas. Sus pozos al menos tenían un precario techo pero el sonido de las flechas golpeando contra ellos delataba sus posiciones. Cascos de caballos sonaban peligrosamente cerca de ellos. Pronto tendrían que salir a enfrentar a los jinetes. Y el sonido de la batalla atraería a los imperiales que esperaban en el camino. Eran un animal acorralado al que su depredador persigue mientras los cuervos vuelan en círculos. Hiperión caminaba de pozo en pozo chequeando que todos estuvieran a cubierto. Él no se arrastraba ni se guarecía, parecía querer ser el primero en morir, quizás agobiado por la magnitud de la amenaza. O tal vez las flechas silbando no tenían ya sobre él mayor efecto que el de incomodarlo y fastidiarlo. Estaban atrapados desde hace horas y no encontraba como romper el cerco. Quería correr hacia algún lado y trabarse en lucha, esperar para él era casi lo mismo que la muerte. Finalmente decidió que debía optar por atacar uno de los frentes y esperar que el otro no tuviera tiempo de apoyar. Romper el cerco. Los voyanas se movían constantemente, venían en oleadas como el mar empujándolos contra las rocas. Rocas de armadura pesada imperial que los esperaban en el camino alto. La trampa era perfecta pero no quería morir dentro de un húmedo pozo con una flecha entre los ojos sino con una espada en la mano cargando contra el enemigo. Una vez un guerrero curtido le dijo que nunca pensara en morir antes de la batalla, que pensara en vivir, no hay que hacer planes para la muerte en el campo. La muerte ya conoce su libreto. Y a veces podemos sorprenderla.
Les comunicó a todos que irían por las compañías del camino alto. El único punto de resistencia que podían medir y ubicar.

─Sabes que es una trampa, nos quieren allí ─dijo Davan mirándolo con dureza.

─Cuéntame un plan mejor que seguir enterrados aquí, soy todo oídos. ─replicó

─Déjame al piromante y al loco del fuego. Tengo algunas ideas para distraer a los voyanas. ─dijo el anciano misterioso poniendo una mano en el hombro de coraza roja  ─ocúpate de vencer allá arriba o todo será inútil. Olvídate de nosotros y de este bosque.

Hiperión asintió mientras le hacía un gesto a Carlos y a Javensen que se imaginaron lo que seguía. Silvia se acercó al elegido del fuego.

─Voy contigo

─¿Estás loca mujer? ─contestó con pesar Carlos. ─Vamos a morir allí

─Es mi decisión, si el elegido va a morir debo estar allí. Y Baraqz también vendrá si en algo lo conozco.

─Si voy a ser libre de mi juramento hoy debo presenciarlo todo. ─dijo Baraqz recordando su promesa.

─Ustedes están locos, los dos, nunca voy a entenderlos

─Te prometo que si mueres llevaré tu cabeza y la depositaré en el altar del señor del fuego. ─juró nuevamente Baraqz

─No sábes cuanto me consuela eso ─dijo Carlos cerrando la charla con una mueca.

Hiperión reunió a los restantes al costado del camino. La idea era intentar usar alguno de los senderos de montaña para ganar altura y sobrepasarlos. Habían fortificado el camino frente al bosque y sería una locura atacarlos allí.

─Si pretendemos ir todos por allí seremos un desfile del día de los dioses. Seremos blanco de sus arqueros, hasta Vallekano nos daría...sin ofender  ─protestó Espinal mientras se disculpaba con un gesto. El pastor arquero le dedicó una mirada fría pero no le dio mayor importancia, estaba acostumbrado a las críticas pero pocos habían dado cuenta de un dragón con un par de flechas, eso nadie podía quitárselo.

─Quizás debamos enviar sólo una partida ─ dijo una voz a espaldas de todos, sobresaltándolos.

Crow estaba apoyado en una muleta rudimentaria mientras Jenny lo sostenía de la cintura.

─No quiso quedarse, lo siento ─se disculpó la maga verde

─¿Que propones? ─dijo simplemente Hiperión disimulando la alegría de ver a su estratega nuevamente de pie.

─Necesitaremos cosas brillantes, los escudos bruñidos, todo. Tenemos que confundirlos primero. ─se entusiasmó el cuervo.

Jenny llevó aparte a Hiperión y le habló por lo bajo.

─El tuétano de las costillas rotas se mezcló con la sangre. Eso podía envenenarlo a menos que se hiciera un quiste y no se esparciera. Está vivo así que sucedió esto último. Lo vendé con fuerza en el pecho pero cualquier golpe puede romper ese coágulo y matarlo, tenlo presente.

Hiperión asintió y se acercó al grupo. Era una espada menos pero su fuerte eran los mapas así que pondría a Crow donde hacía más daño. Frente a los pergaminos.

─Muy bien hermandad. ─empezó a decir Crow. ─Ellos cuentan con un ataque frontal. Desconocen los senderos de pastoreo que vamos a usar pero debe ir un grupo pequeño. Uno rápido y preciso. Vamos a hacerles creer que los rodeamos. Será difícil pero con la carnada adecuada...cuando el perro tiene hambre, no se fija lo que lleva a la boca...creo que podemos fabricarnos una oportunidad.

Hiperión eligió a Espinal, Parabel, Raluk l,pl,,. , Kurz, que recién había llegado del castillo y José que otra vez habían puesto al frente de los refuerzos del príncipe. El resto esperarían la señal y atacarían si la distracción surtía efecto. Deberían pegar por el lado fortificado cuando realmente dudaran de un ataque por allí. Todo era riesgoso y bastante incierto. Y sin embargo, sonaba como un plan razonable. Uno que se podía elaborar en esa situación desesperada.

─Atacaremos por su lado fuerte en el único momento en que no nos esperen...nunca tuvimos perdón, y nunca perdonaremos, cuando ataquen hagan honor a nuestro nombre. ─dijo coraza roja y se aseguró la pechera, comenzaba el juego...












jueves, 8 de noviembre de 2018

Cuando nada ilumina la senda




─¿Cómo sigue?

Hiperión entró en la cueva en silencio pero estaba cubierto de cortes y sangre. Le preocupaba la salud de Crow.

─Sigue igual. Perdió mucha sangre y me costó sacarle el frío. Le dí mucha agua y lo mantuve seco. Dependerá de sus fuerzas ─contestó Jenny con algo de pesar. ─¿y afuera? ¿es tan malo como se ve en tí?
─Estamos perdiendo, y nos estamos acostumbrando, que es peor. Intentamos no perder a nadie pero los voyanas nos asedian y debemos combatirlos en el bosque. Eso es bueno cuando vienen caballeros negros desde el camino alto, pero con los voyanas es distinto.Tienen sus trucos, algunos más antiguos que este mismo reino.

Hiperión suspiró y se encogió de hombros. Desde que habían dejado de llegar desde el camino alto era difícil pelear. Los senderos a los llanos meridios eran incontables. Evitaban el escollo natural de las montañas pero el imperio no transitaba por ellos, eran dominio de los voyanas. Hacía mucho que no se sabía de ellos pero habían regresado con fuerza. Nada de lo que pasaba en los llanos era cosa juzgada, se tejían leyendas y se fabricaban mitos para explicar lo que el imperio había hecho con la región más próspera de esas tierras. Solo una cosa había quedado clara. Querían borrar el legado de los reyes de la moneda. Ese fue el juramento que los generales del este se habían hecho. Al menos dos de ellos.
Crow se quejó entre dientes y pareció estar a punto de despertar. Hiperión casi deja escapar una expresión de gozo pero su estratega volvió a sumirse en el sopor de la fiebre y siguió inconciente. Lo primero que hicieron los malditos fue dejarlo a ciegas, quitándole a su maestro de mapas. No sabía en que momento empezó a depender tanto de él. No es que no supiera luchar contra esos salvajes, pero no le podía sacar provecho al terreno.Ganaban y perdían por igual a veces por diferencias mínimas, quizás por el hecho de que no se los había podido detener en el momento en que llegaron. Algunos hablaban de volver al viejo fuerte lindero a las montañas donde la primer guarnición vivió. Desde allí podían dominar los senderos pero perdían la primacía en el camino alto, y como siempre, eran pocos. Había que elegir que defender.
Parabel entró apurado y observó la escena. No preguntó sobre el maestro de mapas. Estaba en su propia batalla. Se dirigió a coraza roja con el parte de la batalla.

─Nos retiramos por tres caminos distintos. Todos pasan cerca del río, en dirección a Lurzt para que crean que nos refugiamos en la fortaleza. Luego rodeamos largo y estamos volviendo. Arlorg se negó a rendirse y le perdimos el rastro. No sabemos que fue de él. Ese hombre está loco. Dijo que no vino para dejar su mazo sediento.

─Establezcamos perímetro juglar. Los que lleguen primero deben vigilar el bosque y buscar espías, rastreadores. Haganlo bien, si cagan quiero saber a que huele ¿entendido?

Parabel asintió con gesto adusto pero apenas se volvió Hiperión le hizo una cara graciosa a Jenny  imitando los gestos del líder.

─Juglar, ve a hacer lo que te dije o hallaré otros usos para ese laúd que tienes.

Parabel se retiró rápido mientras Raluk llegaba también cubierta de sangre. Una postal habitual donde se mezclaban heridas propias con el rastro de sus víctimas. Jenny se acercó a ella con unos paños dispuesta a ayudarla pero ella le hizo un gesto negativo. No estaba de humor. Las derrotas le sentaban mal. No las digería hasta pasadas dos o tres botellas de hidromiel. Pero eso era después, primero había que esperar a los demás. Ver los rostros que iban llegando y rogar que los que faltaban no tardaran. Esa siempre sería la parte difícil. La cueva empezó a iluminarse timidamente gracias al fuego que Brian fue alimentando mientras se vendaba el brazo con dificultad. Le llamaban la primer hoguera porque era la que hacían en un rincón para que no se viera desde el bosque. Era la que recibía a los demás y que el primero que llegara debía encender. Ese fuego reconfortaba como nada en el mundo, ese que empieza a brillar cuando nada ilumina la senda.

   


viernes, 2 de noviembre de 2018

Sobre nosotros crecerá la hierba




Solot se sobresaltó cuando divisó a la figura sentada en la oscuridad. Todavía no se acostumbraba a estas repentinas apariciones. Intentó mostrar aplomo y fue encendiendo lentamente las velas. Los palidos destellos fueron arrojando luz sobre el extraño. Cabellos grises. Tunica gris, mirada fiera. Un dedo negro.

─Si muero del espanto no podré servir a tus propósitos ─dijo con sorna.

─Estoy seguro de que sobrevivirás. Has traído tantos horrores a este mundo que un viejo amigo no te hará mella...

─Tú no tienes amigos Davan.

El mago renegado sonrió a medias. La visita sería corta. Lanzó sobre la pequeña mesa de la cámara del sumo sacerdote un rollo de pergamino. Solot no necesitaba abrirlo para saber que era un mapa, uno de su propia biblioteca. El tratamiento que le hacían al pergamino para que no se dañe delataba su orígen.

─Has decidido jugar tus cartas, eso lo respeto, pero eres descuidado ─dijo Davan analizando las reacciones del sacerdote.

─¿De donde sacaste eso? ¿acaso tu aprendiz decidió robarnos?

─Dudo que mi aprendiz conspiré contra si mismo. Tuvimos una incursión voyana. Una muy informada. Versada en los senderos ocultos en la montaña. Una que intentó tomarnos por sorpresa con la ayuda de tu biblioteca.

─Y claramente todo apunta contra mi, porque soy tan idiota que les daría algo que solo yo puedo entregar, una especie de confesión muda. ¿En serio Davan crees que eso pasó por mis manos?   

─Dímelo tú, ¿cuantas personas tienen la llave de la biblioteca?

─Mi llave la tiene tu aprendiz, la otra la conserva el maestro de escritos. Tú lo sabes bien.

Davan no tenía demasiado motivo para desconfiar de un anciano que año tras año transitaba sus últimos momentos para luego, de algún milagroso modo sobrevivía.
 Hace unos años le habían puesto de ayudante a un mago jóven que había aprendido el oficio y buscaba afanosamente quedarse con el puesto del anciano.

─No tengo intención de perder la utilidad que hoy represento para el general. Si los derrota seré un estorbo. Tengo poco tiempo para demostrarle que puedo serle verdaderamente útil en el futuro. Y eso contando con que el imperio no derrote al oeste. Todas nuestras posiciones son precarias Davan. La maldita soberbia del hombre nos trajo hasta aquí y no creo que mejore demasiado.

─¿Y tú que propones? ¿liberar las criaturas del abismo y traer la noche al mundo? no asegura nuestro futuro de manera alguna

─Mis antecesores equivocaron el camino. Perdieron el control del portal, fueron demasiado ambiciosos. Yo hubiera mantenido los portales pequeños como era la tradición. Tomar consejo de los primigenios para combatir al imperio...

─Ahora me dices que no pretendes que llegue finalmente la noche que se come al mundo.

─Eso será inevitable Dedo Negro. Como los días que vivimos llegan a su ocaso, la noche debe llegar para que el hombre cese. Llegará cuando sea el momento del sueño del hombre y el reinado de la oscuridad. Así ha sido por todas las edades. Y no podemos adelantar ni retrasar eso. Y un día volverá a despertar cuando llegue el amanecer. No hay voluntad que pueda detener el transcurrir. El imperio es el último intento de la voluntad de detener lo inevitable. Deberíamos abrazar ese destino y dejar de pelear contra él. Los primigenios vendrán a purificar. Deberíamos estar agradecidos

─Ya veremos como recibirlos, ya sabes que les dare acero y fuego a todos los que pueda. Y cerraré ese maldito portal.

─Los titanes mantienen los llanos de Margón a salvo del imperio. El imperio se mantiene bajo tierra

─Las bestias mataron a los míos. No lo olvides. Mataré a todos ellos. Luego seguiré con los hombres. ─amenazó Davan con firmeza

─No temo morir por tu mano Davan, harías bien en entender que hay cosas peores a las que temer. Temo que no me alcance el tiempo, solo eso...

Davan se levantó y se caló la capucha dándole una última mirada al sumo sacerdote.

─Averigua quién le dio ese mapa a los voyanas...porque volveré para que me lo digas

Solot vio como se escurría en la oscuridad. Conocía todos los pasajes secretos del templo y se escabullía detrás de los cortinados y tapices para desaparecer entre los muros.

─Recuerda algo Dedo Negro. No importa demasiado lo que hagamos. Los que no mueren están destinados a regir. Nosotros no somos obstáculo. No contamos. No estamos hechos para la noche que viene. Sobre nosotros solo crecerá la hierba...  




sábado, 27 de octubre de 2018

En la noche no se ven los cuervos




─Camina hijo de perra o te matamos aquí mismo.

─Quisiera verte intentarlo...

El puñetazo se hundió profundo en su estómago. El voyana que llevaba sus cadenas tenía poca paciencia. Crow lo provocaba cada tanto ganándose unos buenos golpes. La capucha en su cabeza se agitaba con la golpiza. Cada tanto lograba que se corra un poco dejándole ver el paisaje. Escupió sangre y rió desafiante. Todavía no identificaba el camino pero no lo llevaban hacia el templo del ocaso. El general, presumiblemente, no estaba esperandolo al final de esa jornada. Si su cabeza tenía precio todavía no pensaban cobrarlo. No recordaba problemas personales con ellos. De hecho tenían el mismo oficio. Todos vivían de la espada. No entendía que podían querer de él.
Pronto el sendero se transformó en camino de cabras y empezó un tortuoso ascenso. Estaban cruzando montañas a buen ritmo. No iban al este sino al contrario. Suponía que los llanos meridios. Lugar donde perdían la batalla con el Innombrable. Quizás lo llevaban a su escondite los que se suponían exterminados hace tiempo. Hora de provocar un poco más a su captor.

─¿Sabes lo que hacemos con un voyana cuando lo encontramos? le levantamos la falda para ver que es...

El golpe no se hizo esperar y volvió a escupir sangre. El voyana era diestro y adelantaba exageradamente el pie izquierdo para golpear. Bajaba la otra mano mientras golpeaba. Toda información en ese momento resultaba útil. Todavía no le había acomodado la capucha cuando logró que los golpes empezaran a dar en su codo. Lo movía sutilmente para cubrirse. Pronto vio que el puño del voyana chocó estrepitosamente con el y escuchó un quejido disimulado. Con suerte se habría roto algún hueso de la mano. Pronto vio que ya no sostenía la cadena con la diestra. Estaba menguando sus fuerzas de a poco. La noche empezaba a caer y sus ropas negras se volvían aliadas aunque todavía no había margen para un escape. Era una docena de enemigos contra un cautivo encadenado. No había muchas garantias de poder torcer semejante número pero estaba oscureciendo. La noche era amiga de un cuervo.
Se dio cuenta de que iban a pie porque los caballos eran fáciles de rastrear, además de que el terreno elevado y pedregoso era una complicación extra. Si sus hermanos iban por él seguro irían tras la ruta del camino alto ya que lo más obvio era creer que el general Turbarión estaba detrás del secuestro. 
Lo único que se le había ocurrido era dejar plumas de su capa negra. Algunas en el mirador del valle. Y el resto en los lugares donde el voyana impaciente lo había golpeado. Sólo necesitaba un par de ellas allí sueltas, y la suficiente suerte para que fueran vistas.
El líder hizo un gesto y todos se dispersaron. Aún con la capucha puesta Crow había logrado que le dieran un golpe en el rostro que había dañado la cubierta. Ahora podía ver algo más. Sin embargo sus oídos eran su aliado más poderoso en ese momento. Escucho pasos ir en todas direcciones y el silbido del metal rozando el cuero, común cuando las espadas abandonan su funda. No sabía si buscaban a alguien o eran precauciones para establecer campamento. Era lo último. Estaban tensos y expectantes, si no fuera por la extendida fama de los voyanas hubiera creído que tenían miedo. Tenían que estar en tierras de su mayor enemigo, el rey sin nombre.

Hiperion había conformado una partida reducida con los hermanos más livianos y ágiles. Espinal y Raúl rastreaban en el camino alto. Wonder y Raluk descubrieron algunos rastros dispersos que luego se esfumaban como si los hombres aprendieran a volar. Pero creían que era raro que no hubiera siquiera huellas de animales. Las cabras iban y venían por los senderos pequeños dado que siempre pastaban allí. Alguien había limpiado las sendas tan bien que lo había ocultado todo. No había llovido y las nevadas habían acabado hace unas semanas. Esa fue la primer pista que les hizo pensar en abandonar el sendero alto de la montaña. Parabel y Haru tomaron los senderos que iban a la cima mientras los demás tomaban los que descendían infinitamente para ir a los llanos. Se encontrarían en la pequeña aldea de Sharra, donde sabían que no deberían explicar demasiado para conseguir ayuda,
Era difícil buscar cuando el enemigo sabía ocultar sus rastros y cualquier pastor de montaña era más hábil que ellos. La tarea se volvió infructuosa y lenta. La desesperación de coraza roja iba en aumento. Mientras ellos iban en círculos el enemigo avanzaba ligero seguramente. Habían evitado el camino alto, el templo de los magos oscuros, Turbarión parecía no ser la fuente de la amenaza por una vez en la guerra, lo cual podía parecer un alivio hasta que recordaban que había un enemigo nuevo con el que lidiar.

La partida de voyanas había esperado la noche para acampar. No habían hecho fuego y se cubrieron con pieles de osos en improvisados hoyos cavados apenas en la tierra. Había dos de ellos al acecho haciendo guardia. Crow esperaba que el líder tomara la suya para intentar hablarle. Le habían cambiado el guardián desde que en su impaciencia se había lastimado la mano golpeándolo.
Faltaba todavía un poco para el alba cuando el jefe se puso a cargo.

─¿Y desde cuando los voyanas son mandaderos de Turbarión?

Al principio no hubo respuesta, solo una mirada torcida y una sonrisa de desprecio. Pero sus palabras generaban alguna especie de efecto así que continuó.

─Supongo que no les queda más que ser los perros del este. Por eso han dejado de regir...

─Tienes la lengua muy larga para la cadena tan corta que llevas fantasma

Al menos sabía que sabían a quien llevaban, el cuervo temía que lo hubieran confundido con otro pero era claro que lo habían venido a buscar. Y a juzgar por el trabajo que se tomaban con él podía deducir que creían que era uno de los líderes.

─Demasiado trabajo te tomas por un mercenario igual que tú. ¿Cuanto pueden pagarte por mis huesos? dijo el cuervo escupiendo los restos de sangre que le quedaban en la boca.

─Me crees un bárbaro ignorante fantasma, pero no puedes ocultar quién eres y para quién luchas...

─¿Desde cuando es secreto que luchamos contra el imperio, mi querido voyana?

─¿Desde cuando es secreto que pelean por el malnacido de Dedo Negro?

Crow se tomó un momento para responder. No esperaba esa afirmación del voyana que parecía tener asuntos pendientes con Davan. Asuntos que, como acostumbraba el mago renegado, se mantenían fuera del conocimiento del resto. Pero se podía usar la información disponible. No sabía que estaba pasando en el valle y le urgía saberlo para saber si debía seguirle el juego a la partida o apresurar el intento de escape.

─¿En serio crees que Davan es el líder de los fantasmas? él es uno de muchos que sirven al líder supremo, nosotros no servimos a ningún mago, nosotros tenemos al rey...

El gesto del voyana cambió por completo. Nada les cambiaba más el humor que las referencias al innombrable.

─¿Que pasa voyana? ¿no reconoces al vedadero rey? Todos vamos a volver a los llanos floridos de Margón para ver al rey sentarse sobre el trono de cráneos de sus enemigos. Quería que te hicieras la idea de que nadie escapará de la furia del hombre que camina por el fuego...

Crow no tenía demasiadas referencias sobre el rey sin nombre pero recordaba algunas habladurías de un bárbaro con el que compartió filas en su vida de soldado.
Tan suficiente se sentía por lograr perturbar al líder voyana que olvidó su situación. El puñetazo en el ojo lo tumbó de espaldas y lo dejó casi inconciente. Al principio iba a girarse y tratar de revisar su ojo pero luego cambió de opinión. Decidió quedarse tendido tratando de ver si lograba encontrar alguna información más. Su oído era privilegiado y quizás lograra sacarle algo más a sus enemigos.
EL líder despertó a todos y hablo algunas palabras con cada uno tratando de aparentar normalidad. Partian. Algo le urgía y sólo se lo expresó a su segundo con el que habló un poco más. Se puso de perfil en un momento señalándolo y mirando hacia el oeste. Estaba alejado y hablaba bajo pero sus labios se formó una palabra que echaba luz sobre el asunto que los había llevado a cruzar territorio hostil arrastrándolo. El cuervo se relajó y se permitió descansar un momento. Empezaba a entenderlo todo.

Hiperión mantuvo el ritmo de marcha por horas, descendían buscando en los senderos de pastoreo, Faltaban un buen trecho para alcanzar la aldea de Sharra y aún no tenían una mínima huella. Fue Parabel el que se acercó a él en un momento y le sonrió. Puso ante sus ojos una pluma negra, una muy familiar, una pequeña pluma cubierta de polvo pero innegable y certera. Estaban sobre el rastro casi por casualidad. Pero estaban sobre el. Revisaron el lugar del hallazgo. Encontraron bajo el polvo un escupitajo de sangre. Coraza roja conocía lo insidioso que podía ser el cuervo para provocar y sacar de sus cabales a cualquiera. Sabía que se estaba ocupando de dejar huellas a costa de su propia salud. Pero todo el lugar estaba cubierta de un fino polvo. Estaban peinando el rastro con algún tipo de piel. Seguramente el último de ellos llevaba una atada a su cintura y sólo bastaba con que marcharan en una fila ordenada para quedar cubiertos. Hizo un gesto y redoblaron la marcha. Ahora iban a paso forzado tratando de darles alcance.

La partida había esquivado los últimos poblados antes de descender a los llanos. Todavía estaba oscuro y costaba avanzar en los últimos trechos pedregosos. El líder insistió en partir apresuradamente y sus hombres se mostraban molestos. Se turnaban para llevar la delantera y estaban bastante nerviosos por la cercanía del lugar donde el innombrable mandaba. En un momento Crow comenzó a cantar y tres de ellos se abalanzaron sobre él para callarlo. Otra vez los golpes. Las plumas desparramandose y su conocido escupitajo de sangre. En el horizonte cerrado por la noche se vieron un par de refucilos lejanos. El aire ahora empezaba a oler a humedad. Crow sabía que no todo podía ser simple pero si llovía su rastro se perdería para siempre. Esa si podía ser una complicación.
Había que retrasar la marcha. Era hora de buscar a su guardián impaciente...

─Hey amigo...¿te duele la mano? ─dijo girando exageradamente la cabeza en todas direcciones, la capucha ya era restos deshilachados pero estaban demasiado apurados para reparar en detalles. Por un agujero en ella lo úbicó al final de la línea. ─Te pido disculpas, la próxima trataré de relajarme así no te lastimas golpeándome ─terminó de decir entre risas.

El líder le dijo algunas palabras en su lengua. Quizás para evitar que reaccione. Pero Crow conocía a su guardián, Era cuestión de tiempo...

─A tí no tengo que levantarte la falda para reconocerte, tu eres la princesa de tu pueblo. O quizás eres un bujarrón de feria...si, creo que eres eso...una princesa sería sangre real y tú no pareces de la realeza jajaja!

Los pasos pesados de una carrera se oyeron a sus espaldas. Aflojó el cuerpo y esperó. Apenas un instante antes de que lo alcance realizó una finta y dejó su pie extendido. El voyana pasó de largo y tropezó yendo a dar su cara contra el duro suelo. Se levantó de un salto con el rostro cubierto de sangre. Los gritos del líder no lo detuvieron pero el cuervo podía luchar con las manos atadas, era un juego que hacía de muchacho y no se le daba mal. Utilizó sus hombros para cubrirse un lado de la cara mientras preparaba sus codos para golpear. Cada vez que el guardian fallaba se enfurecía más y era más fácil contrarrestar sus ataques. Pronto estaba demasiado golpeado para pensar con claridad. El cuervo aprovechó para terminar de quebrar su mano herida y darle una buena tunda. El resto de la partida que había presenciado el espectáculo en silencio, se lanzaron sobre él arrojándolo al suelo y cubriéndolo de patadas. Espero pacientemente que se cansen mientras se cubría como mejor podía. Se acercó arrastrándose a su guardián e intentó extrangularlo pero lo detuvieron, después no recordó más nada. Despertó en una especie de camilla. Lo arrastraban con dificultad, su guardián iba en otra similar. Se alegró de haberlo lastimado lo suficiente. Ahora la partida viajaría más lento. Sintió en su puño cerrado aquello que había tomado del cuello de su guardián cuando lo quiso ahorcar. Un colgante de acero que llevaba en una gruesa cadena. Ese dije era justo lo que necesitaba para trabajar en sus cadenas. Necesitaba abrir sus grilletes para poder escapar, si es que aún tenía fuerzas para lograrlo.
La claridad del alba se adivinaba en un horizonte cerrado por las nubes de tormenta que se amontonaban. No tenía mucho tiempo más. El primer grillete se abrió con un ruido metálico sordo que amortiguó como pudo. Sólo uno más. Sentía que una costilla empezaba a quitarle el aliento, punzando agudamente cada vez que respiraba. Seguramente estaba rota y le impediría moverse con normalidad. Decidió abandonar la paciencia y forzó el último grillete aunque hiciera ruido por demás. El voyana que cerraba la marcha advirtió sus movimientos y se acercó con la mano en la empuñadura. Se le había acabado el tiempo.

Hiperión vio la tormenta en el horizonte y pensó en los rastros que habían hallado. Poco quedaría si los encontraba la tormenta. Saber que estaban sobre la pista no significaba la certeza de encontrar a su estratega. Si los voyanas descubrían que los seguían darían cuenta del cuervo sin la menor de las dudas. Cómo rastrear en campo abierto sin ser advertidos era una proeza improbable, aún para ellos. La sola idea de que se le escapara el grupo lo enfermaba. Le habían matado a dos hermanos en sus narices. Y no era un hombre misericordioso, nunca lo había sido.

La tormenta se desencadenó violentamente enpantanando el terreno. La cadena siguió girando y alcanzó a un segundo voyana en pleno rostro. A este pudo por fín quitarle la espada y rematarlo. Ahora podía luchar con algo de dignidad. El cuervo no era alguien que esperara sentado su destino. Prefería ir a buscar la muerte que esperarla..."a dos pasos la muerte, mi paso yo doy"... era su parte favorita de la canción. Pronto intentaron rodearlo pero la lluvia estaba de su lado y uno resbaló en el barro. Hacia allí fue con todo su ímpetu dejándole un buen tajo en el cuello mientras escapaba.
La tormenta había devuelto la oscuridad que necesitaba en ese amanecer que se habia vuelto noche por un rato. Ya se adivinaban los primeros arbustos tipicos de los llanos. Excelentes para ocultarse pero bastante obvios. Dejó su capa negra en uno y se ocultó a cierta distancia. Seguramente se separaran para buscarlo pero no irían sólos. Seguramente irían en parejas. Un número bastante justo ya que habiéndolos contado y habiendo matado a dos solo quedaban siete contando a su líder Benioth. Tuvo suerte una vez más, vinieron dos acercándose despacio. Uno, para su sorpresa era el guardián impaciente, que volvía al ruedo con un grueso vendaje tapándole un ojo y una mano que colgaba, sostenida  con el cinturón. El mote de fantasmas nunca había sido exagerado. El primero cayó sin siquiera verlo pero con el guardián impaciente la historia fue distinta. EL voyana tenía la espada en la siniestra cuando lo atacó, y aunque creyó tener la ventaja, este rechazó sus ataques con sorprendente facilidad.

─¿Sorprendido fantasma? no encontrarás ningún voyana que no sepa usar ambas manos para la batalla ─le dijo atacándolo con todas sus fuerzas. A Crow le costó evadirlo. El costado le dolía horrores y no lo dejaba respirar con normalidad. Si la lucha se extendía estaría en problemas. Solo le quedaba atacar por el lado del ojo malo y la mano herida. Cabía esperar que eso le diera alguna ventaja y solo allí pudo realmente herirlo. Optó por un amago a la cabeza y un golpe a la pierna que lo hizo trastabillar, pero era increíblemente resistente y seguía luchando con furia, ambos estaban agotados cuando se oyeron voces de los otros gritándole. Allí fue cuando Crow abandonó la pelea y corrió sabiendo que su rival no podría seguirle

─Adiós princesa.

Se cuidó de tomar su capa y escapar en la oscuridad mientras la lluvia cubría sus pasos. Al menos ahora era libre. Debería estar amaneciendo cuando la lluvía comenzó a menguar pero no había rastros de luz en el firmamento. El líder voyana encontró al guardián impaciente allí caido pero vivo, le señaló hacia donde había escapado el fantasma y luego se desmayó a causa de sus heridas. El prisionero corría de vuelta a las montañas, iba hacia el lugar del que trataban de escapar desde hace más de un día. Sería demasiada suerte no encontrar enemigos si volvían y ahora tenían un herido. Adonde miraba era negrura y viento lanzándole agua a la cara.

─Fantasmas de mierda...

Reunió a los suyos y deliberó acerca de lo que harían. Cara de Guerra no perdonaba esos errores pero nunca le había dicho que tipo de guerrero eran los fantasmas. Ahora sabía que eran de los que no se dejan llevar prisioneros. Deberían haberlo matado pese a las órdenes. Ahora lo sabía.Se levantó y señaló a las montañas.

─No tenemos opción, vamos a buscarlo.

Espinal y Raúl bajaban de las cumbres por terreno resbaladizo. Hacia rato que la lluvia los había hecho perderse y no estaban seguros de si estaban yendo a la aldea de Sharra. Escucharon algunos gritos en medio de la tormenta. Quizás era Hiperión y el resto impacientes por la espera. Decidieron guiarse por el sonido mientras llegaban a terreno llano. Los gritos no parecían amigables, eran signos de lucha, algo pasaba y se lo estaban perdiendo. Espinal se lanzó a la carrera con Raúl tratando de seguirle el paso. Si estaban sobre ellos sus hermanos no podían renunciar a la lucha, mucho menos él que juró no volver a faltar a una batalla. Y por los dioses que no había lluvia ni viento que le hiciera faltar a esa promesa. Pronto se toparon frente a frente con los voyanas, Raúl venía rezagado cuando vio que dos bárbaros se lanzaron encima de Espinal que terminó aprisionado en el suelo. Raúl se paralizó, todavía no lo habían visto. Sólo vio que el señor de la muerte se giró mientras forcejeaba y le lanzó una mirada. Pero no lo delató y siguió luchando solo. Raúl tuvo tiempo de retroceder y esconderse pensando en que hacer y por donde escapar. Avanzó gateando buscando alguna roca grande desde la cuál asomarse. Esos eran voyanas y él sería presa fácil si lo encontraban. Espinal había sido imprudente, era su culpa, él debía regresar y dar aviso. Cuando fueran suficientes irían por ellos. A Raúl esto le sonaba mejor que intentar luchar con esos demonios. Prefería que lo tilden de cobarde o peor, que lo expulsaran si querían pero no lo podían obligar a hacerse matar estúpidamente.
Llegó a un recodo del camino y vió luces a la distancia, no estaban lejos. Creyó ver el arco de la entrada a la aldea. Sharra les dijo que había uno con un cráneo de cabra allí, A la distancia parecía serlo, igualmente estaba perdido. Se acercó despacio. Sacó su espada por primera vez pero decidió esperar un poco. Tenía miedo de que Espinal apareciera. Debía contar una historia convincente. Una que lo dejara a salvo de sospechas si contaba algo distinto. Decidió esperar un rato más mientras terminaba de organizar la excusa y luego se acercó al caserío. En la plaza había personas reunidas. Reconoció una armadura roja. Sesintió primero aliviado y luego aterrado. Había abandonado a uno de los suyos. Sacó su cuchillo y se hizo algunas marcas en el rostro y los brazos. Algo de sangre para librarse de las sospechas. Seguramente Espinal estaba bien muerto y el respiraba. Ya habría más peleas en las cuales participar. Se acercó cojeando y pidió ayuda. En seguida se le acercaron. Parabel lo sostuvo de un lado y Raluk del otro. Lo llevaron con Hiperión que miraba al suelo pensativo. Parecía que no habían encontrado a Crow todavía, eso también era bueno. No había tiempo de hacer demasiadas averiguaciones. Lo ayudaron a sentarse y algunos se pusieron detrás de él para ver que tenía para contar.

─Nos asaltaron...voyanas...nos perdimos en las cumbres y no encontrabamos la senda de la aldea. Llovía mucho y estaba muy resbaladizo. Espinal escuchó algo, no se, no me dijo pero me ordenó que corrieramos, no sabía si estabamos escapando o que, solo lo seguí hasta que escuché un ruido de lucha y supe que nos habían caído encima. Después no lo vi más coraza roja, juro que no se que más pasó pero eran voyanas. Era su lengua la que oí en la oscuridad, como a tres horas de aquí...─mintió sumando tiempo suficiente como para que no salieran corriendo tras él.

─Ya veo, esos malditos ahora tienen a dos de los nuestros. Van hacia los llanos y todavía nos llevan demasiada ventaja. ─Contestó pensativo mientras se rascaba la barbilla. Tenemos que trazar una ruta...hay algo que no me queda claro...¿en serio creíste que Espinal estaba escapando de una pelea?

Raúl sintió que algo no andaba bien. Había olvidado el estúpido juramento de ese loco. Pero no importaba ya que era un cadáver tendido en la gramilla. Al menos eso sabía hasta ahora.


─Así que ahora ni siquiera guardo los juramentos que hago, que verguenza Espinal...¿como pudiste? podías haberme tratado de estúpido por lanzarme a la pelea sin pensar...te lo habría perdonado, pero ...¿tratarme de cobarde? eso no se ve bien. Podría estar muerto ahora mismo y esa sería la imagen que quedaría de mí...que en mi último momento decidí romper mi palabra y huir para ser asesinado vil y merecidamente.

Espinal estaba apoyado en el marco de una puerta. Se notaba que había llegado hace rato ya que le habían tratado unos cortes en el rostro. Tenía un ojo negro pero estaba peligrosamente entero. Raúl quiso pararse pero alguien lo retuvo de los hombros y lo obligó a permanecer sentado. 

─Quiero un combate contigo Raúl, uno para demostrar si merezco ser llamado cobarde ─dijo Espinal caminando hacia él.

Raúl de pronto se vio sólo y con una espada en la mano. Frente a él estaba su destino, también con acero afilado y presto. Raúl intentó un ataque pero no encontró a su oponente allí que robó el cuerpo hacia un lado y asestó un golpe en el costado con su puño. Ni siquiera le hizo falta la espada para ponerlo de rodillas. Raúl alzó una mano para intentar defenderse y balbuceó alguna palabra pero el tajo fue limpio y certero y su cabeza rodó un par de palmos hacia adelante. La tarea había terminado para él.

Crow por fín vio luz en el horizonte. Todavía la lluvia se empecinaba en molestar pero se veían en las montañas algunos claros donde la luz de la mañana se empezaba a mostrar. Ya había cubierto un largo trecho y asegurado de que no lo seguían. Podía decir que el viaje le había salido menos costoso de lo que pensaba. Esas travesías son de las que nadie cuenta el regreso. Porque no suele haberlo. Respiró lo mejor que pudo con el costado punzándole. Hasta se atrevió a mirar por un momento el paisaje. Siempre le habían gustado las montañas pero hoy, hoy era distinto, hoy la vista le sabía a vida y fue el mejor paisaje que sus ojos hubieran contemplado alguna vez. Y eso que a él le quedaba más cómoda la noche, esa eterna aliada que esta vez le había parecido demasiado larga, y demasiado corta. Por esta vez elegiría el día, aunque estuviera a la vista. Hoy valía la pena que lo vieran pensó mientras caminaba hacia un poblado que recordaba cerca de allí. La aldea de Sharra, ese rincón de casas entre  los llanos y a las montañas. Con suerte lo recibirían allí y podría intentar conseguir algún vendaje para su costado. Atrás quedó la larga noche de su escape donde sólo tuvo su abrigo, porque si tocaba pelear había que convocarla, la que siempre llega. La que ampara a los cuervos, negros como ella.


 
 







viernes, 19 de octubre de 2018

La última mazmorra (próximamente)



─Lo tenemos Aldrich.

El guerrero de armadura pesada se sacó con dificultad el yelmo. Se lo notaba extenuado. Por entre las juntas de su coraza asomaban salpicones de sangre seca, restos de carne y cabello. Testimonios de una batalla cruenta.

─¿Cuantos perdieron?

─¿Nosotros o él? quedamos un puñado, mi guardia, un par de arqueros. Demasiados por un hombre, demasiados...

Aldrich, el guardián de la mazmorra prefirió no seguir indagando. El capitán de los caballeros negros lucía bastante mal pero pronto olvidaría el cansancio. Lo llenarían de honores y lo llevarían en un carro ornamentado hasta el campamento de los generales. Habían dado caza a uno de los lugartenientes del innombrable. Uno especialmente odiado. El llamado Dedo Negro.

─¿Por qué no me permitieron matarlo Aldrich?

─¿Estás loco? ¿con todo lo que sabe? no capitán, lo pedí especialmente, yo puedo quebrarlo

─Claramente no estamos hablando del mismo hombre. Entiendo que te motive el desafío pero has cometido un error. Los generales han cometido un error. Uno de esos demasiado caros. ─dijo el capitán y volvió a calzarse el yelmo ─Vuelvo al campamento.

El capitán se retiró apurado sin siquiera tomar un poco de vino de la despensa, quería salir de allí antes que sucediera algo. Un caballero negro no podía tener miedo, menos de un cautivo, pero estos casos no eran comunes. Habían perseguido a la partida de Dedo Negro por meses. Siempre se les esfumaba. Y de pronto acampó con un puñado de hombres a campo abierto y esperó sentado allí a que ellos llegaran. Se había calzado su armadura de dragón cuando siempre se lo veía con su túnica y su capucha calada. Pero no había sido fácil. Cuando se levantó y sus hombres se prepararon se desató la matanza. Lo triplicaban en número pero bastó un rato de lucha para que el mago renegado emparejara la cuenta.
Finalmente Davan se quedó sólo. Hizo escapar al resto de los suyos y se quedó luchando hasta que pareció cansarse o simplemente le pareció suficiente tiempo para que los otros escaparan, quién sabe. Clavó la espada en el suelo y se entregó.  Aunque el primero de los caballeros que lo alcanzó intentó rematarlo y Dedo Negro pareció enojarse. Lo hizo arder dentro de su propia armadura con una mano y volvió a sentarse, no hizo mucho más. El capitán se acercó para aprenderlo dictándole los cargos por los que era perseguido. No dejó que nadie se acercara. Lo encadenó el mismo, mantuvo a todos alejados de él. Se lo subió a un caballo y se lo llevó directo a las mazmorras de Margón. Una de las pocas cosas que el imperio había preservado en aquella ciudad maldita.

Aldrich estaba emocionado. Tenía una larga trayectoria quebrando prisioneros. que torció la opinión de uno de los genrales, del que importaba. Tenía el permiso de Topor, aunque Palash hubiera intentado hasta último momento lograr que lo ejecuten. Las malas lenguas dicen que a Topor le interesaba solo la cabeza del innombrable. El resto era un problema con el que ahora lidiaba Turbarión. Ya habían estabilizado el frente del oeste. No mirarían atrás ni se preocuparían de lo que quedaba a sus espaldas. El verdadero enemigo estaba frente a ellos.   


domingo, 14 de octubre de 2018

Cosecha de caos



Crow alistó su caballo y partió rumbo al camino alto. Los observadores que reclutaron en la aldea habían dado aviso de movimientos en la curva del ciervo, ese recodo lejano donde se avistaban los primeros indicios de actividad enemiga. Algo venía y el Ojo gustaba de ver las cosas en persona para dar su opinión. Vallekano se ofreció a acompañarlo pero el cuervo estaba con prisas y no lo esperó.

─Alcánzame arriba, iré ganado tiempo...

La actividad en el campamento era frenética. Esperaban "el grande". Un ataque a gran escala desde hace días. Sabían que el general estuvo en el templo del Ocaso en dos ocasiones y que había enviado observadores por mucho tiempo. Ahora contaba con voyanas que se habían apostado en el camino alto por un par de jornadas. Todo parecía indicar que se tomaba su tiempo y tramaba algo. Los aldeanos no paraban de venir hasta el camino para dejar mensajes o esperar a alguno de los hermanos. Hablaban de hombres haciendo preguntas en tal taberna, bandoleros golpeando granjeros y amenazando para que los delaten. Hasta un mago verde que andaba por las cabañas ofreciendo curas a diversos males que no hacían más que enfermar peor a las personas. Había noticias por demás extrañas como un tigre que habían soltado cerca del mercado de Lurzt y que había obligado a huir a todos antes de que la guardia de palacio llegara. Davan había definido la situación con simpleza. Sembrar caos siempre da buena cosecha.
La situación de los hermanos había cambiado por completo. Sin Leo a cargo Crow había tomado algunas decisiones pero nada significativo. Sharra había sido terminante con la postulación de los demás.

─Los líderes hablan, yo no...

Los ojos de todos iban y venían, era sabido que la responsabilidad que acarreaba estar al frente era importante. El único que seguía dando órdenes a los suyos y actuando con aparente normalidad era Hiperion, más acostumbrado a esas lides.

─¿Quién le preguntará? ─dijo Brian especulando con la reacción de los demás

─Yo podría ser el líder aquí ─se postuló Alex pero nadie respondió ─puedo ser un gran líder...

Brian le puso la mano en el hombro y le hizo un gesto a su hermano de armas

─Nosotros no sabemos mucho de dar órdenes Alex...además...¿podrías sentarte en un promontorio a vernos pelear mientras consultas un mapa?

El gesto de Alex cambió por completo, no se imaginaba mirar una batalla sin desenvainar ni meterse en el fango de la lucha. Les pasaba a todos, no podían imaginar un escenario donde en una orden de ellos se jugara la vida de los demás. Que alguno cayera por una mala decisión era terrible de imaginar, en realidad nadie quería estar en ese rol.

─¿Haru? ¿tu no eras princesa de tu tribu? ─preguntó Vallekano

─¿Que crees que estoy haciendo aquí? es mi hermano el que toma las decisiones en casa. Yo solo tuve que hacerlo en un par de ocasiones y no es lo mío

─¿Parabel? tu luchas bien y nos pones de buen ánimo...

─Creo que justamente ese es mi papel aquí, y está bien así ─respondió el juglar dejando el tema zanjado.

Hiperion hablaba con Carlos y le indicaba donde quería poner trampas para evitar que flanquearan el camino real si decidían cruzar por alguno de los pasos exteriores. Hacía eso y miraba el mapa maldiciendo a Crow por salir con tanto apuro cuando él quería darle algunas directivas. Los hermanos habían aprendido a confiar en él, Leo confiaba en él y siempre le había encomendado los trabajos difíciles. Pero aún nadie se atrevía a decirlo en voz alta.

─Bueno, tomen una decisión de una vez y vengan a ayudarnos ─dijo Valkiria con signos de fatiga después de preparar varias monturas para salir de allí rumbo al bosque. Todos se pusieron de pie como para ir en busca de coraza roja pero al ponerse en camino se encontraron con él viniendo hacia ellos.

─Acepto, pero deberán obedecerme, esto no es un juego. ─les dijo Hiperion a la pasada mientras llevaba su montura al hombro.

─Pero todavía no te hemos dicho nada! ─retrucó Brian.

─Como si hiciera falta ─contestó entre risas ─ahora muevan el culo antes de que ese hijo de su perra madre venga a sitiarnos. Acamparemos en el bosque para resguardar este lugar.

Todos obedecieron y se pusieron en marcha mientras Hiperion le hablaba a Carlos y Wonder alertándolos sobre los senderos de montaña que podía usar el enemigo. Luego mandó a Garlick y a Daniel que fueran en busca de Crow, lo necesitaba allí más que nunca. Hacía mucho tiempo que buscaba recuperar a su maestro de mapas, ahora no había excusas.
El plan era casi el mismo de siempre. Llevarlos a un terreno donde les fuera difícil maniobrar. Donde no tuvieran un llano abierto o alturas de cobertura, allí por muchos que fueran serían emboscados en tandas. Desgastados hasta rendir la espada o perecer. No hay mucha defensa contra un enemigo que usa el terreno a su favor más que conocerlo, y en esa faceta la hermandad conocía hasta la última piedra.
Garlick tomó un sendero empinado hasta el mirador. Le gustaba demostrar que era el mejor trepando hasta las alturas donde se apostaban los observadores. Daniel bufaba y resoplaba por el esfuerzo pero no se quejaba. Sería el blanco de las burlas si demostraba cansancio. Ya estaban próximos a la saliente desde la que se dominaba parte del portezuelo y la entrada al camino alto cuando notaron huellas y rastros que no eran usuales. Como si un grupo numeroso hubiera pasado por ese lugar que solo utilizaban ellos. Mala señal. Luego vieron un rastro de sangre. Daniel le hizo señas de regresar y dar aviso pero su hermano tenía la vista fija en el sendero. Quería saber si todavía había chances de ayudar a los suyos ahí arriba. Garlick siguió subiendo con cautela y a su compañero no le quedó más remedio que acompañarlo. Escucharon voces en un acento extraño, forcejeos y algunos jadeos. Prepararon sus espadas para entrar en lucha, no había más remedio que aparecer en el claro y encontrarse frente a frente con lo que fuera que allí se había instalado. Garlick irrumpió primero y se quedó parado justo allí. Daniel estaba cerca y esperaba un nuevo movimiento de su compañero para entrar pero este permanecía inmóvil. Luego de un instante demasiado largo se acercó cauteloso para notar que su hermano estaba de pie gracias a la lanza que le había atravesado el pecho. Su cara mostraba sorpresa como última expresión. Daniel espió y vio a Crow arrodillado y maniatado que lo miraba fijo con ojos que avisaban, que decían algo que su boca amordazada no podía.
Daniel retrocedió y estuvo a punto de escapar pero tres hombres le cortaban la retirada. Lo habían rodeado. Pronto estuvo de rodillas junto a Crow que ahora tenía un gesto de resignación para el que no necesitaba hablar. Los enemigos charlaban en una lengua extraña que jamás había oído. Los señalaron a ambos y deliberaban. Era claro que no se habían podido poner de acuerdo cuando se acercaron a ellos. Uno intentó desenvainar su espada y otro se lo impidió posando su mano en la empuñadura de su compañero. Parecía que uno quería matarlos y el otro se lo impedía. Daniel miró con ojos de esperanza a Crow que lo miró fijo y negó con la cabeza, pero a él le parecía que quizás quisieran negociarlos. Después de todo eran de la hermandad fantasma y valían mucho.
Se acercó finalmente el que parecía no querer ejecutarlos. Había ganado la pulseada con el otro que abandonó el sendero y se perdió de vista. Finalmente se acercó a Daniel y le habló en lengua sureña aunque con un marcado acento.

─Estás de suerte muchacho. Mi compañero quería matarte sin más, pero yo necesito que des un mensaje.

Daniel asintió con ganas. No veía la hora de salir de allí e ir e busca de sus hermanos, sabía que intentarían seguirlo pero él también podía ser rápido y despistarlos. El hombre se puso detrás de él. Daniel extendió sus brazos para que el hombre cortara sus ligaduras, pero el hombre lo tomó por sus cabellos y tiró su cabeza violentamente hacia atrás.

─No se necesita que hables para dar un mensaje muchacho ─dijo con una sonrisa y lo degolló en un instante.

Daniel no había acabado de moverse todavía cuando su cabeza estaba ya en manos del hombre al que llamaban Benoth que también cortó la cabeza de Garlick y las clavó en lanzas que puso en el camino. Luego hizo una seña y cargaron a Crow en la grupa de un caballo.

─Hay planes para tí ─dijo simplemente el líder y partieron por el camino alto.

A los hermanos no les costó mucho dar con el mensaje. Allí junto al camino fueron desfilando uno a uno con Hiperion contemplando la escena desde un costado. Peinaron la ladera pero no había señas de Crow. No encontrarlo suponía cierto alivio. Pronto dieron con el rastro de los caballos marchándose y uno que extrañamente dejaba huellas más profundas que el resto. O era un guerrero muy obeso o había una montura con dos jinetes. O un jinete llevando a un prisionero. Todos sabían que los habían vigilado y que los conocían de batallas anteriores. El guerrero cuervo hacía rato que estaba identificado. Y ahora se lo habían llevado. Hiperion maldijo su suerte. Mala manera de comenzar a liderar le había deparado el destino.
La situación era compleja por donde se la mire. Si habían llegado al mirador del camino ya no odía saberse cuanto movimiento hubo mientras estuvieron allí. No había lugares seguros y sin embargo no habían atacado las cuevas donde tenían el campamento. Podía ser una buena señal entre tanta incertidumbre. Si para algo lo habían designado era para tomar decisiones y coraza roja pensaba tomarse el trabajo en serio.

─Hermanos, tenemos que afrontar esto lo mejor que podamos. Han invadido el valle. Y ahora quieren cazarnos. Están en el bosque, y seguramente en el camino alto. Además se han llevado a Crow y han matado a dos de los nuestros. No podemos ganar la batalla pero si podemos negarles la victoria. Vamos a movernos por el bosque tratando de que nos sigan hacia el río, quiero que piensen que vamos a Lurzt, que piensen que nos vamos a refugiar al castillo, pero primero hay que pelear o no morderan el cebo...

Era extraño para todos que se hablara en términos de perder y a la vez ganar. No estaban acostumbrados a las ambiguedades, tan afectas para un hombre como Hiperion. El pensaba en términos parciales, en posibilidades concretas. En sacar tajada. La vida de un soldado de la fortuna era simple. Sobrevive y cobra por tus servicios. El único que matizaba su sabida postura ante las adversidades era el cuervo, su estratega, y de alguna manera Turbarión lo sabía, por eso se lo había quitado. También logró sacar del medio a Leo porque pensaba de manera peligrosa para sus planes. Hiperión recordó la promesa que le hizo a su hermana y el consejo que ella le dio. Debía hacer las cosas de manera distinta o todo sucumbiría. Y no tenía a quién pedirle consejo sobre como ser otro tipo de líder.
La hermandad se movió ligero por el bosque evitando los pasos obvios que pudieran estar vigilados. Pronto se toparon con una partida de mercenarios que iba rumbo a una aldea cercana. Podían evitar el enfrentamiento y seguir hacia el río pero los hermanos no estaban dispuestos a abandonar a sus amigos así porque sí. Esa fue la primera prueba de liderazgo en la hermandad después de las pérdidas. Todos veían a la partida consultar un mapa y señalar en dirección a la villa cercana. Querían atacarlos en ese momento pero Hiperión quería ver si tenían órdenes o simplemente buscaban algo que dañar. Se puso cara a cara con Brían que lo trató de cobarde y ambos pusieron sus manos en las empuñaduras pero de alguna manera Parabel logró calmar los ánimos.

─Señores, se puede lograr ambos cometidos con un poco de astucia y paciencia, dividamos al enemigo. Y por sobre todo, consigamos ese mapa, para saber quién le provee información a los mercenarios.

Valkiria se sacó la coraza y se dejó simplemente la túnica y se dispuso a recoger hierbas cerca de allí. Su porte era llamativo y tenía buen aspecto. Sabía que no la ignorarían e irían tras ella.

─Vaya vaya ─dijo el líder de la partida apenas la vio. ─no solo crecen cardos en este miserable bosque. ¿Cómo te llamas bella flor?

Valkiria lo miró atemorizada y se quedó quieta en el lugar, justo en el claro, justo donde debía retenerlos.

─¿Por qué no contestas? ¿me tienes miedo? deberías temer a la guerra que está llegando, yo puedo cuidar de tí muy bien, al menos por un rato...

Una daga se clavó en su cuello apenas se acercó lo suficiente. Otra se incrustó en su pecho para terminar el asunto. Valkiria vio el último resto de vida abandonar al hombre y no olvidó darle su respuesta.

─Dicen mis hermanas que no...

El resto de la partida desenvainó pero ya era tarde. No hubo flecha ni cuchillo volador que errara su blanco, ni siquiera el mazo de Arlorg que voló para hundir el cráneo de un jinete que intentó escapar.
La amenaza era historia.

Pronto Hiperión tuvo el mapa en sus manos. Barbeta confirmó lo que todos temían. Era un mapa con el sello de la orden de la magia oscura, venido directamente desde el templo del ocaso. Esas fueron las visitas del general. Buscaba información. Y el mapa que le entregaron era suficientemente completo como para que supieran de la ubicación de todas las aldeas y de los lugares donde se creía que la hermandad acampaba. Las cuevas de las montañas no estaban marcadas pero si el camino real, justo donde se hicieron las emboscadas anteriores. Todo estaba marcado, lo que sabían los magos, lo que sabía el enemigo, lo que habían rastreado los voyanas. Sabían demasiado pero a Hiperión no le preocupó demasiado. Ahora sabía lo que ellos sabían y podía jugar con eso.

La meta era el río, llegar en cercanías del puente y luego volver por el agua a internarse en el bosque, dejando suficientes rastros como para que las partidas fueran tras la ciudad real. La cuestión era por donde ir, que camino tomar.

─Tenemos dos opciones Hiperión, o tomar la curva amplia del camino real tratando de esquivar el grueso de los enemigos o cortar por el bosque y prepararnos para lo que haya en el.

─Lo se Juglar, esa es mi duda, en el camino somos presa fácil y en el bosque hombres muertos, no paro de pensar en por qué acepté este trabajo.

─Quizás porque estabas aburrido ─deslizó el juglar con gracia.

Coraza roja levantó un brazo e hizo un gesto con la mano apuntando hacia el bosque. Había elegido el camino corto y riesgoso. La batalla estaba perdida desde un principio pero se podía caer derrotado con estilo. De alguna manera llegarían al río. Pronto llegaron los avisos de los demás miradores. Pese a que fueron tras la mayoría de ellos, otros hermanos tuvieron más suerte y escaparon sigilosamente del cerco de los voyanas.

─Muchos mercenarios. Los dirigen voyanas, conté al menos 50 lanzas. La mayoría con varias caras en sus casacas. Arlorg dice que son los cuchillos azules. Dominan buena parte de los llanos meridios y están enemistados con el innombrable así que pelean lejos de Margón, por eso están aquí.

El parte de Haru era bastante completo. Demasiados para enfrentar, demasiados para huir. Habían venido a cazarlos uno a uno. Lo único contra lo que no podría el enemigo sería las murallas de un castillo. Había que jugar con eso. Hacerles creer eso.

─Ellos van a caballo y son imbatibles con sus arcos cortos. Cabalgar por el bosque es darles lo que necesitan para acabar con nosotros. Pero si vamos a pie seremos blanco fácil. ─Comenzó a decir Hiperión.

─Hay otras maneras ─interrumpió Davan, que casi nunca hablaba en los encuentros.

─Te escucho ─contestó coraza roja, interesado en sus ideas.

─Puede que no sea el indicado en hablar de lealtades. Mi relación con ustedes ha sido difícil a veces, pero me atrevo a hacerles un pedido. Si hoy caemos, caera todo el valle...y quizás el sur. No pueden eliminar esta hermandad. No ahora, nunca...¿lo entienden? nunca!

Davan estaba exaltado como nunca se había mostrado. En parte se entendía que su plan se caía a pedazos si perdían ese día. No habría mañana. Lurzt rendiría la espada que nunca había desenvainado con facilidad. A menos que le llevaran la guerra hasta sus puertas. Esa era la idea de Hiperión. Dirigir a los voyanas contra la ciudad real. Pero había un largo camino y mil cosas que se podían torcer. Davan le hizo una seña a Javensen para que se acercara. Era hora de usar algunos trucos aprendidos en las mazmorras del oeste. El único lugar donde alguien podía aprender la piromancia.
Carlos podía aportar materiales para su plan pero los que quedaran atrás dificilmente se salvarían. Podían crear distracciones para la mayoría y sin embargo perder a más hermanos.

─Si alguno debe caer para que otros vivan así será ─afirmó con fuerza el anciano misterioso. El mago renegado que nunca había querido liderar pero ocupaba en parte el alma del liderazgo, aliviando la carga de Hiperión.

Pronto estaban desplegados en el bosque al acecho de las partidas a caballo que iban y venían buscándolos. Dedo Negro le pidió a Carlos que acumulara pequeños montículos de salitre y sulfuro por el camino. Les agregó un polvo oscuro que nadie reconoció. También pidió leña húmeda para comenzar la distracción. Los arqueron subieron a los árboles por pedido del mago ya que sería difícil luchar en tierra. Luego dividió a los hermanos en columnas para el avance. Los que correrían por el bosque debían evitar en lo posible entrar en combate. Cosa que pocos estaban dispuestos a cumplir.

─Donde aprendiste todo esto anciano ─preguntó Hiperión. Extrañado de su pericia en ese campo.

─Los voyanas han sufrido pocas derrotas categóricas. Me tocó combatirlos en los llanos meridios. Puedo jactarme de que esa vez pocos escaparon. Ellos reconocerán mis tácticas. Las aprendí de un fiero guerrero. Uno que ya es leyenda...

─Sólo conozco a uno que los ha derrotado con claridad, el rey sin nombre...

Davan sonrió como toda respuesta y se encaminó hacía la leña mojada.

─Cuando esto empiece muevanse rápido y en silencio. Tendremos poco tiempo. Arqueros, deben atacar por las sendas que los montículos les marcaran, ningún hermano irá por allí así que no escatimen flechas aunque no logren ver demasiado, cuando vacíen su carcaj deberán abandonar sus posiciones y seguir al resto.

Todos asintieron concientes de lo importante que sería hacer blanco. Valkiria había preparado sus flechas especiales, traspasaban cualquier armadura y eran casi imposibles de remover una vez que perforaban. Vallekano había puesto más flechas de la cuenta, podría fallar aquella tarde pero lo compensaría con un mayor número de ataques. Raluk y Wonder prepararon sus cuchillos voladores. Podían lanzarlos mientras se movían con absoluta facilidad. El resto usó espadas cortas. Había demasiadas cosas que quedaron en las cuevas del campamento en la montaña. Escapaban con lo puesto, y esperaban que alcance.

─Hiperión...me quedó atrás, juré nunca escapar de una batalla otra vez hace mucho. Todavía no puedo negar ese voto

─Quedate conmigo entonces Espinal. Habrá trabajo por demás en la retaguardia.

Davan hizo una seña y miró a cada uno para asegurarse que estaban listos. Los ojos de todos brillaban exultantes. Estaban más listos para entrar en batalla que para escapar, no estaba en la naturaleza de ninguno huir en esos momentos. Hace rato que se habían olvidado del miedo. EL anciano se levantó y fue hacia un extremo del bosque mientras sus manos empezaban a iluminarse un en destello rojizo. Javensen iba detrás de él encendiendo también las suyas. Pronto la leña comenzó a humear y un par de gritos se oyeron en el bosque. Alguien había visto el humo. La primer partida cabalgó hacia Davan a toda velocidad con las espadas en alto. Eran mercenarios pero servían para ir entrando en calor. Carlos se había unido con su arco a Valkiria y Vallekano. Sus flechas también eran especiales y ardían con facilidad.
La densa humareda de la leña mojada empezó a cubrir el bosque. Pero aunque era una buena cubierta no era todo lo que el mago tenía para ofrecer. Apenas tuvo a mano a los jinetes lanzó calor desde sus manos hacia los montículos preparados. Carlos esperaba verlos arder en una explosión fulgurante pero la realidad fue que sólo hicieron un poco más de humo. Decepcionado cargó su arco y tensó derribando al primero de ellos. Algo es algo pensó para sí.
Davan siguió encendiendo los montículos que humeaban tranquilamente entre la cubierta de bruma que seguía aportando la madera mojada. Pronto no se vio nada por debajo de los arqueros que adivinaban donde apuntar por las sombras que se movían en la humareda.
Los voyanas no tardaron en llegar. Desconfiaban de la bruma y mandaron a los mercenarios primero. Se escuchaban gritos ahogados y algún caballo que volvía enardecido pero sin jinete. No les gustaban los trucos, les parecían indignos de un campo de batalla aunque ellos fueran de los guerreros más desleales que existían. Quizás les molestaba que les quitaran la iniciativa. 
Las partidas de mercenarios fueron una tras otra limpiadas del campo con asombrosa facilidad. Sus monturas, quizás confundidas por el humo se negaban a obedecerlos y se quedaban allí inmóviles dejándolos indefensos. Los hermanos vaciaron sus carcajs de flechas y sus dedos se ampollaron de tanto tensar sus arcos.

─Guardemos algunas para los hombres con camisa de piel ─dijo Valkiria satisfecha de no haber fallado ningún ataque. Vallekano tuvo suficientes aciertos como para recordar su epoca en que una flecha suya equivalía a un dragón. Carlos fue el que más midió sus ataques tratando siempre de divisar primero al lider de la partida. Había que matar al que daba las órdenes. Eso facilitaba siempre el trabajo.

Pronto aparecieron los voyanas con sus lanzas y comenzó la verdadera batalla. Esquivaban las flechas como si tuvieran un sentido oculto que les permitiera saber de donde venían los ataques. LOs caballos también se quedaban estáticos y a los hermanos no les quedó más remedio que acabar con ellos para dejarlos a pie. Pero eso igualaba las cosas. Cuando estaban en tierra eran practicamente invisibles. Valkiria desenvainó y bajó al suelo. Vio que Hiperión y Espinal se adentraban en el humo y fue hacia ellos. Pronto se toparon con los primeros y se dieron cuenta de que no sería una batalla justa. Vallekano vio que el grueso de los hermanos se mantenía a raya del humo y desaparecía por la espesura. La hermandad tenía esperanzas de salvarse si llegaban al río. Carlos preparó flechas incendiarias y las lanzó donde divisaba un voyana. Eso fue todo un alivio ya que exponía a los que se escondían para atacar. Sin embargo era muy difícil. Parecían no sentir los golpes y las heridas no los detenían. Parecían tener más de una vida.
Davan apareció de golpe en un claro golpeando a uno en la cabeza y poniendole una mano en la frente lo mató con el calor de la piromancia. Otra ya estaba sobre él cuando un cuchillo volador se le clavó en la garganta, pero igual atacó tres veces antes de caer.

─Gracias Raluk ─dijo Davan sabiendo que ella estaba allí, aunque no pudiera verla.

Javensen la llevaba un poco peor. Cada vez que usaba la piromancia se tambaleaba y debía usar la espada hasta recuperarse. Sus antebrazos despedían vapor y dolían como si los hubiera puesto a hervir en un caldero.

Un voyana saltó desde un árbol y atacó a Hiperión que reaccionó sin pensar y puso su antebrazo cubierto con muñequeras de metal bloqueando el acero antes de que se incruste en su pecho. Atravesó al voyana por el costado de su coraza que parecía querer seguir la lucha aunque estuviera herido de muerte. Lo abrazó a la espera de que otro de los suyos llegara y lograra finalmente vencerlo así que le dio un cabezazo y se desembarazó de él lo más rápido que pudo pero era tarde. Otros dos llegaron para abalanzarse sobre él. Una sombra saltó y derribó a uno de ellos mientras lo atacaba con su puñal. Espinal había leído el momento y había emparejado los números dándole a Hiperión el margen para acabar con el otro.
Pronto estaban espalda con espalda y se vieron las caras. De a poco los habían ido rodeando y cercando a base de ataques certeros. Era un pequeño círculo de voluntades, rodeados por numerosos enemigos. Raluk tenía sangre que le brotaba del hombro pero su mirada mantenía la frialdad de siempre, Wonder era una tapiz de heridas pero sostenía su espada a la espera de otro ataque, sostenida en la espalda de Valkiria que aunque estaba herida en la pierna no daba muestras de dolor. Davan despojado de su habitual túnica y capucha mostraba una extraña pechera de cuero endurecido grabada con runas antiguas. Sus cabellos largos y canos flotaban con la brisa mientras su espada se hundía en un voyana. Su mano terminaba la faena lanzando calor contra su rostro con ojos enrojecidos y cegados. No era en realidad un anciano cuando estaba sin su túnica sino un recio guerrero que ahora se erguía desafiante. Los cabellos canos podían confundir pero de alguna manera cuando se quitaba el disfraz mostraba su verdadero porte, y era intimidante.
Espinal estaba doblado sobre su costado. una herida le había hecho perder mucha sangre pero seguía insultando y desafiando al enemigo. Hiperión todavía mantenía las esperanzas de durar un poco más para dar tiempo a escapar a los demás. Pero les quedaban momentos simplemente. Estaba vencidos.
Un jinete se adelantó. Extrañamente estaba montado. Su caballo tenía algún tipo de cobertura en su hocico y parecía no responder al humo. Alzó su mano y los ataques se detuvieron al instante. Parecía alguien de rango ya que nadie desafió la orden.

─Dedo Negro, por fín volvemos a vernos. Te dije una vez que sería cuestión de tiempo.

─La última vez no te fue muy bien Cara de Guerra. Estás lejos de los llanos, quizás alguien te ha echado finalmente de allí ─contestó Davan, desafiante.

─La guerra es larga mago, hoy estamos aquí y mañana en los salones de algún rey. Hay que durar lo suficiente para verlo. Ese es mi secreto.

El líder voyana tenía varias caras en su chaqueta. Que parecía más que nada una capa de piel humana. Un tapiz de muerte con rostros que ya habían caido por su mano. Le señaló un espacio vacio en el hombro derecho.

─Aquí vas tú Dedo Negro, cerca de mi oido, para darme consejos . Guardé lugar para tí ─sonrió Cara de Guerra que disfrutaba su momento de venganza.

─No pierdas tiempo, te diré mi consejo ahora...muérete ─contestó el mago escupiendo frente a él.

Cara de Guerra alzó su mano para poner final a los hermanos. Una flecha silbó desafiante pero el se protegió con el antebrazo desviándola, sin embargo, las flechas de Carlos siempre traían sorpresa y esta explotó en el suelo lanzando un fogonazo que hizo corcovear al caballo del líder voyana. Fragmentos de grasa y salitre salieron encendidos en todas direcciones incendiando la capa de piel humana de Cara de Guerra que tuvo que quitársela y arrojarla a un lado maldiciendo en idioma desconocido.
Los hermanos aprovecharon la confusión y salieron disparados en todas direcciones buscando el abrigo del humo atropellando a los voyanas que estaban preocupados por la suerte de su líder. Se vieron sorprendidos y superados. Pero adonde iban había más voyanas y no tenían escapatoria. Se agruparon y esperaron que vinieran por ellos mientras tratabn sus heridas como podían.
Ruidos de galope sonaron desde lo profundo del bosque. Si eran caballeros negros tenían el paso bloqueado por ambos frentes pero pronto las voces voyanas desaparecieron entre gritos y órdenes. Algo más pasaba. Los voyanas en vez de ir por ellos se alejaban vociferando al galope. Pronto hubo silencio y más silencio. Davan llamó a Carlos que contestó desde un árbol. Estaba más lejos de lo que pensaba.

─¿Puedes ver algo? ¿hacia donde se dirigen?

─Van hacia los pasos de Nuria, por el río, en dirección a los llanos, no se muy bien que pasa pero parece que escapan mago. Vinieron jinetes desde el río...Lurzt Davan, creo que Lurzt vino por fín a la cita.

Davan sonrió. Finalmente sus esfuerzos estaban dando frutos. Entonces estaba hecho, habían logrado reclutar hombres de la guardia real. Lurzt todavía tenía algo de honor entre sus filas.
Pronto los jinetes llegaron y con ellos los hermanos que venían intentando saber que esperar de aquella situación. Los hermanos se fundieron en abrazos sentidos. Haru se abrazó a Valkiria y Wonder que apenas podían estar en pie. Barbeta se acercó respetuosamente a Dedo Negro y le brindó un poco de hidromiel para que olvidara su cansancio. Baraqz se acercó a su hermano que se hallaba agotado pero ileso. Sharra se acecó a javensen que estaba de rodillas sin aliento después de usar su piromancia como nunca lo había intentado.

─Nada mal traidor, nada mal ─dijo y le dedico un gesto que el iscario entendió como respeto.

El líder de la guardia de Lurzt desmontó y se acercó a Davan presentando sus respetos.

─No imaginé a nadie resistir a tantos voyanas, tenían suficientes mercenarios como para acabar con todos ustedes y quizás con nosotros. Mi nombre es José, capitán de la guardia real y vine en su apoyo, claro que en desobediencia directa a mi señor, el príncipe por lo que me esperan las mazmorras caundo regrese, pero el precio es pequeño si pudimos mantener el valle.

─Gracias capitán, esperaba que finalmente su príncipe recapacitara pero veo que al menos aún queda valor entre sus filas ─contestó Davan que volvió a ponerse su túnica y capucha mientras recogía los restos de la capa de piel.

Cara de Guerra había dejado atrás todo su honor y sus logros. No estaría contento esa noche. Había perdido una batalla ganada. Eso era imperdonable. Quién sabe si seguiría al mando de los cuchillos azules. Quizás hasta perdiera su cabeza si le juzgaba su tribu.
Uno de los guardias reales se acercó a Espinal que era atendido por Jenny ya que su herida era profunda. Sin sacarse el yelmo le hizo una venia y sacó algo envuelto en un trozo de paño para entregárselo. El señor de la muerte descubrió su contenido. La daga ornamentada de Kurz brilló ante el resplandor de los últimos rayos de la tarde. Espinal alzó la vista pero el guardia ya se había ido, aunque algo en él le resultó familiar. Al caer la tarde la partida del castillo regresó aunque José se quedó un rato más con ellos y los ayudó a regresar al campamento de las cuevas. Tampoc había sido un paseo la escapada hasta el río. Una fila de voyanas guardaba el sendero al río y hubo una cruenta batalla donde Sharra, Alex y Brian brillaron rompiendo la línea enemiga y permitiendo que el resto escapara. La noche caía cuando los primeros fuegos se encendieron. Increiblemente seguían vivos.
y beberían hasta olvidar que casi habían muerto.
El general Turbarión había hecho todo por quebrarlos. Había puesto a su servicio a los mejores guerreros de las antiguas tribus. Y sin embargo no pudo quebrar lo que había doblado al extremo.
Hiperión miraba la hoguera mientras tomaba un sorbo de vino y reflexionaba. Parabel, aún con marcas en el rostro de la batalla del río se acercó al nuevo líder para hacer la pregunta que todos tenían en la punta de la lengua.

─¿Cuando iremos a buscarlo?...

─Al amanecer iremos por mi estratega, no bebas demasiado juglar.

El balcón de piedra donde Davan meditaba todavía recibía algo de claridad cuando el mago llegó allí a descansar. Barbeta preparaba la cena para él y su maestro cuando una figura emergió de la grieta de la entrada. El guardia real hizo una reverencia y se sentó con ellos. Kurz se quitó el casco y suspiró aliviado. Era increiblemente molesto para luchar pero debía mantenerse en el papel por ahora.

─Has reclutado bien, pronto tendremos de nuestro lado a toda la guardia y el príncipe no tendrá más remedio que negociar conmigo.

─Eso espero mago, No tengo disciplina para la vida del soldado. Necesito algo de vino...

Bebió un largo sorbo y suspiró nuevamente. Barbeta le ofreció algo de cordero ahumado que el caballero florido devoró con prisa. Debía volver con José que no bebía estando de guardia, así que pronto partirían al castillo. Acaso lo más mortificante que podía imaginar como destino pero necesario ya que sin el apoyo de la guardia estaban más que comprometidos por la presión de Turbarión. Davan había tardado en convencerlo. Kurz tenía experiencia en la vida palaciega e indudable encanto tanto para influir en los hombres como para seducir mujeres. Era el mejor prospecto para ganar influencia en el castillo.

─Es suficiente Kurz, vuelve con el capitán, no quiero que desconfíe.

El guerrero florido hizo un gesto de fastidio y se retiró masticando aún un poco de cordero. Davan se sentó nuevamente y miró a Barbeta que terminaba de cortar las lonjas de cordero.
Kurz pronto estuvo con su yelmo y su coraza reluciente haciendo guardia en la entrada de la cueva, esperando por su capitán, el único que sabía que no era un nuevo recluta enviado desde la puerta de los dioses. Espinal se acercó a él y le ofreció vino pero estaba de guardia así que negó con la cabeza. Sin embargo el señor de la muerte sabía lo suficiente como para no necesitar decir mucho. Sonrió socarronamente mientras tomaba otro sorbo de vino y se alejó unos pasos...

─Lo hiciste bien hoy Kurz, te la has ganado ─dijo y le lanzó su daga. Luego se fue a festejar por estar vivos, ya habría tiempo de apostar por ella nuevamente.